Andrés Aberasturi.- El fracaso de Afganistán.

Actualizado 05/09/2009 14:00:40 CET
Actualizado 05/09/2009 14:00:40 CET

Andrés Aberasturi.- El fracaso de Afganistán.

MADRID, 5 Sep. (OTR/PRESS) -

La realidad de Afganistán -como la de Irak- se impone a los buenos deseos aunque tal vez no a los buenos negocios de Occidente. Podemos discutir hasta que nos cansemos la siempre extraña legitimidad o ilegitimidad de una guerra; podemos usar mil eufemismos para justificar la presencia de nuestras tropas, desde la socorrida "misión de paz" hasta la humanitaria que trata de evitar un genocidio. Da igual. El resultado en los casos que nos ocupan (como ya pasó en Vietnam) nunca será el deseado por la gente de buena fe, aunque Defensa hable de "delincuentes comunes" en lugar de talibanes enemigos. Han sido seis horas de batalla y trece muertos.

¿Qué hacemos en Afganistán? Lo último fue garantizar "la limpieza de un proceso democrático" en un país en el que los más viejos no conocen la paz ni la democracia. Y no sólo nos quieren convencer de que allí la democracia es posible, sino que los "observadores imparciales" han bendecido unos comicios que no tienen ni pies ni cabeza y que serían desautorizados en cualquier país si no formaran parte de la coartada de tantos.

Me doy cuenta de la cantidad de comillas que he usado en solo dos párrafos. Mala señal; cuando abundan las comillas es que estás siendo políticamente correcto. Volvamos a empezar: la realidad es que a una misión de paz se mandan diplomáticos o voluntarios de Cruz Roja, pero cuando llegan tropas con toda clase de armas, pues la verdad, la misión no puede ser muy de paz. En Irak los "delincuentes comunes" de los que habla el ministerio de Defensa forman parte de ese organizada desorganización que son los señores de la guerra, integristas, traficantes, lo mejor de cada casa que se mueven en sus territorios como se movían los vietnamitas en el suyo por mucho napalm made in USA. Son los mismos que han cortado varios dedos a unos cuantos de los pocos que se atrevieron a ir a votar en esa tosca caricatura de proceso democrático absurdo que montó la ONU para justificar la presencia occidental. Y de la misma forma que en Irak, no había armas masivas, en Afganistán ni llegará la democracia tras los comicios ni se la espera para más tarde. La guerra, pues, debe continuar y como ahora toca estar a partir de un piñón con Obama que todo lo puede, pues en lugar de plantearse si retirar las tropa de una misión imposible, lo que se va a plantear es aumentarlas. Y no es que me parezca mal, es que me parece hipócrita porque Afganistán es otro fracaso anunciado para Occidente y ensayado otras veces.

El problema de la democracia es que requiere dos situaciones previas: la primera y fundamental es que no sea el hambre el problema de la mayoría; la segunda, una cierta adecuación cultural a ese sistema que sólo es el menos malo donde puede serlo, pero que nunca es exportable en su totalidad. Pero de eso no hablamos nunca. Ay si las preocupaciones de la ONU se repartieran por igual en todos los países* Ay si Occidente en lugar de enviar tropas hiciera pozos, montara industrias y construyera escuelas antes que imponer las urnas como única salida aunque sea tiro limpio* Ay si tantas y tantas cosas se hicieran de otro modo* igual temblaba algunas multinacionales, pero habría menos muertos.

OTR Press

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