Actualizado 13/03/2007 01:00 CET

Andrés Aberasturi.- El gentío

MADRID, 13 Mar. (OTR/PRESS) -

Escribo esta columna el lunes 12 de marzo de 2007. Las noticias que me han ido llegando en estas horas me dejan como solo frente al ordenador, demasiado solo. El presidente de una ONG está en la cárcel por presunta apropiación indebida; es aquella ONG que nos regañaba a todos en su agresiva publicidad y contra la que escribí hace ya tiempo y se cabreó mucho conmigo. Sobre al monumento a las victimas del 11-M cayó, en el día de su inauguración oficial, una lluvia de vergüenza que solo el pueblo secó después con sus flores y su silencio. Hubo vivas a España y vivas a la Republica, palmas y pitos, miradas que se tendrían que haber encontrado al menos en esas circunstancias y que sin embargo se evitaron. Al jesuita Jon Sobrino, teólogo de la liberación, le prohíbe su Iglesia enseñar teología porque duda de su mensaje. Don José Blanco habla de la manifestación del PP y en un ataque de lucidez y coherencia dice que hubo "la mitad de manifestantes que muertos en Irak" (¿) mientras Rafael Vera, autor de una memorias menos interesantes que su presentación, vuelve a sentarse en un banquillo.

¿Qué nos queda? Si los que luchan contra la lepra se apropian del dinero destinado a los leprosos (presuntamente, claro), si la clase política es incapaz de mirarse a los ojos ni aun cuando solo el dolor de todos es lo que sobrevuela el espacio, si la Iglesia castiga a quien sólo desea liberarla del miedo y acercarla a la esperanza, si Rafael Vera es un ejemplo a seguir para sus compañeros y a don José Blanco no se le ocurre otra cosa para descalificar la manifa del sábado que decir lo de los muertos de Irak, si todo esto es así y mucho más que me callo, ¿qué nos queda para agarrarnos en este lunes 12 de marzo de 2007?

Seguramente nos queda, como al poeta, la palabra, el grito, la lamentación y la denuncia de todos estos incapaces que no se miran a los ojos no por odio sino por vergüenza. Nos queda la palabra para decir que así no vamos a ninguna parte, que así volvemos al pasado en blanco y negro, que no es esto, no es esto por lo que tantos españoles salieron a la calle para celebrar la Constitución del reencuentro y condenar aquel sainete trágico del 23-F. Nos queda la ira de la libertad y la concordia amenazadas por el partidismo, amenazada por los intereses mezquinos de unas siglas que ya carecen de ideales y de heroicidad, de estética y de coherencia en su discurso. Y nos queda, sobre todo, el gentío, toda es gente que escribió frases hermosas tras el 11-M y que cuando los políticos abandonaros la tribuna sobre la que llovía la vergüenza, tomaron el monumento y repararon el agravio con su silencio, su respeto y sus recuerdos hasta que el sol brilló sobre el atardecer de Madrid y restañó las grietas que habían dejado, oficialmente, los indignos representantes de ese gentío; el pueblo como última esperanza. No sé quien dijo que a la Civilización la salva siempre al final un oscuros pelotón de soldados. No estamos tan cerca del precipicio, pero la no-vergüezna de esta sociedad, eso que se llama dignidad, la saca a flote el gentío sin cita previa, el gentío, sin pancarta, ese gentío que echa la tarde de un domingo a llevar flores y velas para honrar la memoria de los muertos.

Andrés Aberasturi.

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