MADRID 12 Mar. (OTR/PRESS) -
Este martes comienza la cuenta atrás para la elección de un nuevo Papa. Los ciento quince cardenales electores se encomiendan a la inspiración del Espíritu Santo como resorte mental a la hora de elegir con acierto al nuevo jefe de la Iglesia Católica. Mejor sin interferencias, claro. En ese sentido, los analistas del singular reducto de la plaza de San Pedro de Roma, habituados a manejar otro tipo de resortes mentales, no acaban de descartar la cercanía geográfica del Papa dimisionario como un elemento perturbador de las deliberaciones a puerta cerrada.
No podemos olvidar que las asignaturas pendientes de la Iglesia, en general, y de la Curia vaticana, en particular, son las mismas que angustiaron a Joseph Ratztinger. Desde las intrigas vaticanas a la crisis de vocaciones, pasando por el escaso respeto prestado al sexto y séptimo mandamiento en ciertos sectores de la Jerarquía. ¿Cómo afrontarlos sin remitirse a lo que se hizo o se dejó de hacer en tiempos del Papado anterior cuando el titular sigue vivo y es como si lo estuviera viendo y oyendo todo al otro lado de la pared?
"No debemos repetir los errores del pasado", declara el cardenal Amigo Vallejo en vísperas de su encierro en la Capilla Sixtina con el resto de los electores. Véase como una declaración tan inocua como esa puede convertirse en una crítica implícita a la gestión de Ratzinger y sus equipos. De todos modos, no es más que un vago motivo de inquietud que flota en el ambiente, puesto que habría que remontarse a seis siglos atrás para encontrar un precedente de elección de un nuevo Papa cuando el anterior no está muerto.
Al menos dos tercios de los ciento quince cardenales (o sea, setenta y siete votos como mínimo) necesitará el futuro Papa para descubrir las intenciones del Espíritu Santo. Una vez elegido el jefe de la Iglesia Católica número 266, se abrirá un periodo de bicefalia vaticana. Un Papa oficial en la silla de San Pedro y otro emérito instalado a unos cien metros de distancia. Teóricamente, aquél para gobernar y éste para cubrir el último tramo de su peregrinaje. Pero las luchas por el poder tienen tanta tradición en la historia de la Iglesia que los expertos siguen cruzando apuestas sobre la influencia que puede tener esta circunstancia. No solo en las deliberaciones secretas del cónclave que ahora comienza, sino también en la gestión del futuro Pontífice.
Será muy difícil que no sobrevuelen el cónclave las misteriosas palabras pronunciadas por el Papa dimisionario cuando se despidió de los fieles en la plaza de San Pedro: "No regresaré a la vida pública pero no abandono la cruz. Sigo al lado del Señor crucificado pero de una nueva manera". Unas frases que han dado lugar a diversas interpretaciones. Los vaticanistas no saben a qué atenerse si se trata de imaginar cómo gobernará la Iglesia el nuevo Papa con la sombra de antecesor vivo proyectándose sobre sus decisiones.