MADRID 20 Ene. (OTR/PRESS) -
Es turno para el relato, no para la opinión. Al relato fáctico se ha incorporado la respuesta del Gobierno a una pregunta del Partido Popular formulada en el Senado, después de que se hubiera registrado una incidencia en el tramo Adamuz-Villanueva de Córdoba que cuestionaba la eficacia de las tareas de mantenimiento en las vías.
La respuesta del Ministerio de Transportes aludía a "vibraciones generadas por el tráfico de trenes y las altas temperaturas", pero también a ciertos fallos en el sistema de señalización que obligaron a suspender temporalmente el tramo afectado por razones de seguridad. Ambas situaciones se produjeron en junio del año pasado. O sea, un mes después de que, según ha confirmado el propio ministro, Óscar Puente, hubieran terminado las obras de adaptación a la alta velocidad llevadas a cabo por una UTE (Unión Temporal de Empresas).
A la espera de las oportunas aclaraciones, puede ser un buen punto de partida en el proceso indagatorio abierto para conocer las causas de la tragedia. De momento, solo contamos con un generalizado calificativo que, desde el punto de vista técnico, unos y otros comparten, empezando por el ministro del ramo, cuando insiste en que por ahora nadie conoce realmente la causa del accidente.
La palabra es "inexplicable".
Pero de ninguna manera esa valoración puede elevarse a definitiva. Encontrar las causas es irrenunciable. Y no tanto por el consabido expediente de asignación de responsabilidades, que también, sino para que el hallazgo de las causas sirva para que no vuelva a ocurrir.
De momento, al líder de VOX, Santiago Abascal, ya se le ha calentado la boca, cargando prematuramente contra el Gobierno. Pero es el tiempo de la compasión y la solidaridad, no de la politización de la tragedia, aunque me temo que antes o después va a formar parte del intercambio de pedradas entre el Gobierno y el principal partido de la oposición.
Será una nueva oportunidad de saber si los gobernados han vuelto a dar una lección de solidaridad a los gobernantes, aunque a su máximo nivel ya se han dejado ver por el lugar de la catástrofe. Conscientes de que ahora toca centrarse en las víctimas, Sánchez y Feijóo decidieron suspender inmediatamente y de mutuo acuerdo la cita que tenían apalabrada para este lunes en La Moncloa.
Como diría Borges, si no les une el cariño que les una el espanto. Aquí la tragedia ha funcionado como inductora de un acuerdo entre el titular y el aspirante a la presidencia del Gobierno para aplazar el encuentro. Tal vez el único al que podían llegar en estos momentos de máxima confrontación entre ambos. Al menos es por buena causa: el respeto a las víctimas, mortales o no, y el dolor de sus familias.