MADRID 21 Mar. (OTR/PRESS) -
Once millones de cubanos se encuentran en estado de necesidad. Es la consecuencia del colapso económico derivado de la confiscación del chavismo venezolano por parte de los Estados Unidos (secuestro, detención y traslado de Maduro a una cárcel de Brooklyn).
La lágrima furtiva por Cuba es inevitable en la memoria colectiva de los españoles. No solo los que respiran por la izquierda de una camiseta con la imagen del "Che" Guevara. También de los que respiran por la derecha y se siguen doliendo de la herida que nos causaron los EE.UU. a finales del siglo XIX.
Ahora, después de los 66 años de dictadura castrista resistiendo el asedio político y económico del poderoso vecino norteamericano, los medios de comunicación anuncian en sus titulares que "el régimen se resquebraja". En realidad, se viene resquebrajando desde hace tiempo. Pero se mantenían las apariencias gracias a la represión política, el petróleo de Venezuela y, aquí entre nosotros, la épica palabrera de la desactualizada izquierda española.
Y todo para desembocar en el lamentable desenlace ofrecido por el cabestro de la Casa Blanca.
El sufrimiento del pueblo cubano solo es una baza más de la venidera claudicación. Para Trump lo de Cuba está al caer. Los principios se fueron por el sumidero de la historia. Lo único negociable es el desmantelamiento del castrismo. Y me parece que, frente a la perspectiva de una rendición por hambre, los cubanos no le hacen ascos a la claudicación.
En otras palabras: si el precio de la resistencia a una Cuba democrática y cárceles vacías de presos políticos es morirse de hambre mientras los cubanos se ahogan en un maloliente montón de basura, bienvenido sea el chantaje sin que eso suponga aplaudir al chantajista.
Es lo que hay en estos momentos en la Cuba post castrista bajo la bota de Trump. Sin movilidad por falta de gasolina, sin suministro eléctrico estable, sin medicamentos, con racionamientos en los supermercados, no tienen sentido las apelaciones de Diaz Canel a los "sacrificios" y la "creatividad" como receta para remontar la situación.
El presidente cubano no tiene quien le escriba. Entenderemos mejor el sufrimiento del pueblo cubano si señalamos la falta de solidaridad internacional con Cuba. De la de España, ni hablamos, ni siquiera en lo estrictamente humanitario. El problema de los suministros (escasez) urge más que la transición a la democracia. Me refiero sobre todo a la ayuda que sería esperable y de la que solo salen palabras.
Los medios oficiales cubanos hablaban este día de que China, Rusia y Vietnam están brindando su apoyo ante las amenazas de Trump. Pero nadie ve que eso esté sirviendo para enfrentar los graves problemas de supervivencia diaria del sufrido pueblo cubano.