Antonio Casado.- Intenciones de voto

Actualizado 07/02/2015 12:00:47 CET

MADRID, 7 Feb. (OTR/PRESS) -

Los políticos explican las encuestas como los aldeanos la feria: según les va en ella. Un proverbio de estricta aplicación también a las noches electorales, donde nadie va de perdedor. Un clásico. Quien no se conforma es porque no quiere. Y esa es la moraleja del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que es el minuto y resultado de las intenciones de los españoles frente a las urnas.

Miremos hacia el PP. Sufre una caída espectacular. Tanto en las expectativas de voto como en la fidelidad a sus siglas respecto a las elecciones generales de 2011, en las que el PSOE perdió 15 puntos porcentuales. Bueno, pues el PP pierde ahora 17 puntos respecto a su barrida electoral de entonces, lo cual confirma que la crisis económica ha devorado por igual a los dos partidos del centro político.

Sin embargo, el partido de Rajoy se beneficia de la fragmentación del electorado que antes se concentraba en el centro (PP-PSOE), de modo que ahora su 27% de la encuesta (muy lejos de su 44,6% de las últimas generales) le alcanza para mantener la primera posición. La prima de partido ganador que otorga la Ley D'Hondt le serviría para gobernar con alguna otra formación de perfil moderado (por ejemplo, Ciudadanos o UPyD).

Esa es una de las lecturas de más amplia circulación entre los dirigentes del PP, sin dejar de mirar los pasajes del sondeo dedicados a tantear los estados de opinión. Destacan la mejora de la confianza en el futuro. En dos sesgos concretos. Uno, aumenta la franja de españoles convencidos de que la situación económica será mejor el año que viene. Y dos, disminuye el número de españoles con miedo a perder el puesto de trabajo.

Todo eso es verdad. Pero no escucharemos a ningún portavoz de Moncloa o de Génova hablando de la corrupción, que lastra el discurso de la remontada económica (la UE nos hace la ola) y amenaza con cruzar los escándalos que le afectan con las cuatro citas electorales del año en curso. Si acaso deslizan la sospecha de actuaciones oportunistas del juez Ruz (Gürtel y Bárcenas), que últimamente compensan con sospechas similares respecto a la juez Alaya (los ERE de la Andalucía socialista), en una cada vez más perceptible sindicación de intereses del bipartidismo amenazado por Podemos.

En esa especie de pacto no escrito PP-PSOE (escrito en el caso del frente antiyihadista y no escrito en la fijación de fecha para el debate sobre el estado de la Nación), funcionan asimismo las comunes referencias al voto oculto. Una manera de expresar el convencimiento de que finalmente tanto el PP como el PSOE van a superar en las urnas bastante más de lo anunciado en las encuestas. La coincidencia llega incluso a compartir la sensación de que el PP puede seguir siendo primera fuerza pero perdiendo poder institucional en las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Y el PSOE, al revés: le puede ir mal en los recuentos y, sin embargo, recuperar poder en Ayuntamientos, Diputaciones y Autonomías.

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