Publicado 22/02/2026 08:00

Victoria Lafora.- Abascal tiene un problema

MADRID 21 Feb (OTR/PRESS)

Y el problema se llama Javier Ortega Smith, uno de los fundadores de las siglas del partido de extrema derecha que ahora quieren echar a la calle; otro más. De la foto inicial de la dirección se han caído todos menos Abascal e Ignacio Garriga. ¿Quién se acuerda ya de Macarena Olona, o de Ivan Espinosa de los Monteros e incluso de su mujer, Roció Monasterio?

Abascal no admite discrepancias y marca con mano de hierro la disciplina interna. Da igual que los principios ideológicos se mantengan incólumes, como es el caso de Ortega Smith, la obediencia es lo primero.

Los que fueron expulsados antes lo hicieron discretamente, protestando lo justo y defendiendo su buen nombre. Pero Ortega, el más bravío, está dispuesto a liarla. Ha sido expulsado del partido porque se negó a dejar la portavocia en el Ayuntamiento de Madrid.

Lo curioso es que el grupo de Vox en el consistorio madrileño está compuesto por cinco concejales, y dos están a favor de la reprobación. Por eso Ortega no acató la orden de Abascal. En contra, está la que iba a sustituirle en la portavocia, Arantxa Cabello. Desde el Comité Ejecutivo, es decir, la corte del líder, ya se ha advertido de que, quienes secunden a Ortega, correrán su misma suerte.

El secretario general de Vox, Garriga, sin saber cómo hacerse obedecer, ha requerido al alcalde, Martínez Almeida, para que ponga en práctica los cambios del grupo. A esto, el requerido ha contestado diciendo que no es una prerrogativa del Ayuntamiento de Madrid.

Pero es que el ahora expulsado es un hombre con un fuerte carácter que ya ha advertido que no piensa tirar la toalla, que "no se merece lo que está sufriendo" y que va a pelear dentro del partido e incluso recurrir a la justicia ordinaria.

Y todo esto a las puertas de la cita electoral en Castilla y León, comunidad a la que ya se ha desplazado Abascal para seguir la estrategia preelectoral de Extremadura y Aragón. Según las encuestas, entre ellas el CIS (que ha perdido credibilidad por Tezanos), no auguran otro crecimiento. Más bien pueden quedarse estancado.

Ocurre, además, que hace escasamente un año, el que había sido vicepresidente en el ejecutivo de Mañueco, y seguía como portavoz de su grupo en las Cortes de Valladolid, García-Gallardo, abandonó todos sus cargos, incluida la ejecutiva de su partido. Nuevamente las discrepancias con Abascal eran la causa de su decisión.

Las guerras internas, pese a que traten de ocultarse a los medios de comunicación, llegan a la opinión pública, que tiene baja tolerancia a las disputas en el seno de formaciones que luego reclaman su voto.

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