MADRID 22 Feb. (OTR/PRESS) -
Solo faltaba ella. Bueno, y Rufián, pero el representante de Esquerra en Madrid empieza a ser harina de muy otro costal: una especie de símbolo de las contradicciones que pesan sobre este intento de reconstrucción de la izquierda a la izquierda del PSOE: ninguno de los dos principales lideres-hasta ahora-de ese espacio político , es decir, Rufián y Yolanda Díaz, asistieron al muy multitudinario acto de este sábado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde los oradores fueron el cabeza de Izquierda Unida, Antonio Maíllo; la portavoz de Sumar, Lara Hernández; el ministro de Cultura (Sumar) y la ministra de Sanidad y representante de Más Madrid, Mónica García. Fue un acto del que quedaron fuera muchas personas que no cupieron en los locales acondicionados para ello: vimos a cientos, quizá un millar, de personas, que, haciendo cola, daban la vuelta al edificio del Círculo.
La gran ausente, claro, era Yolanda Díaz, la vicepresidenta del Gobierno y muñidora, hace algo menos de tres años, del movimiento Sumar. Porque ya digo que lo de Gabriel Rufián, pese a su éxito de público con Antonio Doblado, segundón de Más País, hace dos días en un teatro madrileño, es otra cosa: él representa un proyecto difícilmente entendible por la mayoría de los se supone que cuatro millones de potenciales votantes en el espacio político a la izquierda del partido socialista que fundó Pablo Iglesias Posse en 1847.
La verdad es que el acto de este sábado, un mítin en realidad, fue más bien indiciario que verdaderamente fundacional de cualquier alianza sólida de cara a las elecciones. Ahora falta por ver los pasos siguientes, que sin duda los habrá, como también veremos intentos de aproximación hacia el otro gran ausente, Podemos, confesadamente incompatible con la figura de Yolanda Díaz, a la que acusan de haber propiciado la salida de los 'morados', entonces capitaneados por Pablo Iglesias (Turrión, por supuesto), del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Allí, en primera fila, estaban los lideres sindicales Unai Sordo y José María Álvarez. Y dirigentes de Compromís, de Comuns (Ada Colau). Y mucha gente espectadora entusiasta, que no pertenecía a ninguno de los partidos intervinientes, pero que sin duda ve con simpatía un proyecto de configuración de una oferta única a la izquierda del Partido Socialista.
Escuché en el mitin muchos lugares comunes, numerosas reivindicaciones feministas y progresistas, pero no escuché aportaciones nuevas y originales acerca de cómo se organizará esta oferta a los electores, ni si comenzará a ser un hecho ya en las inminentes elecciones autonómicas y locales (que no parece) y en qué términos funcionará en unas elecciones generales, se produzcan cuando se produzcan.
¿Y Yolanda Díaz? Silencio. Ni mención. Aunque, eso sí, muchos rumores en torno a ella: que si se apartará de la primera fila, que si mantendrá, o procurará hacerlo, la vicepresidencia del Gobierno (eso, claro, depende de Sánchez más que de ella), que si acabará retirándose de la política (tampoco lo creo, al menos a corto plazo, ni me parece deseable).
¿Fue este acto del Bellas Artes el comienzo de algo, como lo fue el del polideportivo Magariños hace tres años, para, ya se ve, tener que refundarlo ahora, tras haber gritado 'Yolanda será la próxima presidenta del Gobierno'?. ¿Quién liderará el proyecto (yo apostaría, de entre los presentes, por el veterano Maíllo, o por la carismática Mónica García, aunque me dicen que se buscará a alguien que no pertenezca a ninguno de los partidos que integran esta suerte de coalición, o como acabe configurándose). ¿Cuál será finalmente el nombre de esta oferta electoral, que, si saliese como sus promotores planean, quizá en un rapto de optimismo, podría llegar a alcanzar los cincuenta escaños? O no, naturalmente. Así estamos: en el inicio de lo que puede ser un importante corrimiento de tierras en la izquierda, cuando también la derecha se interroga sobre sus alianzas y sus programas, los nacionalismos viven momentos de reconversión difícil y el centro-centro, simplemente, no existe.
¿Qué saldrá de todo esto? ¿Es la montaña que parió un ratón, aunque, eso sí, se trata de una montaña bastante concurrida por gentes que no siempre caminan hacia la misma cima? Confieso que salí del acto del Bellas Artes más inundado por preguntas que por respuestas. Toca, como en tantos otros aspectos de la política de nuestro país, esperar. ¿Hasta cuándo? Ah, esa es otra pregunta, la gran pregunta.