Antonio Pérez Henares.- Bula ecologista.

Actualizado 29/12/2009 13:00:43 CET

MADRID, 29 Dic. (OTR/PRESS) -

Clamor mediático -donde gozan de posición de privilegio y se les otorga una representatividad que no tienen- a favor del director de Greenpeace en España a quien han metido en chirona en Copenhague. Les parece un crimen que la justicia de aquel país actúe con tal dureza contra uno de los gurús del ecologismo patrio.

Incluso ha habido manifestaciones por tal atropello con tan masiva asistencia que no ha existido siquiera la habitual disputa de cifras: nadie contó más de 200. En cualquier caso cuadriplicaban a otros momentos estelares, como el cierre de Zorita de los Canes, cuando desembarcaron de un autobús en Guadalajara y fueron casi 50 más Gaspar Llamazares. Eso sí, en estos y todos los casos, el número de manifestantes queda ampliamente superado por el de cámaras de televisión, micrófonos y periodistas de todos los medios.

Los ecologistas de Greepeace y su coro están tremendamente desolados porque la justicia de un país democrático y avanzado en el respecto a los derechos humanos haya dejado caer el peso de la ley sobre ellos. Están atónitos, y aunque tal ya les empieza a pasar en ciertos países sin complejos como los nórdicos o Canadá, porque en muchos sitios y sin duda en España, ellos gozan de una bula especial que les permite cometer todo tipo de faltas y delitos sin que puedan ser sancionados y ni siquiera se ose sentarlos en el banquillo. ¿Cómo van a serlo si ellos todo lo hacen por la causa más justa, por la verdad revelada por el profeta Ecologistus a la que tan sólo a través de su exclusivo sacerdocio podemos tener posibilidad de acercarnos?

La justicia terrenal, las leyes quedan para el resto de los humanos, culpables incluso del propio hecho de serlo porque ya se sabe que no hay cosa más apestosa en la tierra que un humano, un contaminador y un criminal, que sólo puede salarse con la intermediación de esos únicos espíritus puros que son, claro está ellos.

Ellos, los ecologistas, tienen bula, dada su sagrada misión, no están sometidos a la ley y pueden vulnerar nuestros derechos, asaltar nuestras propiedades, destruir bienes ajenos, públicos o privados, cometer estragos y saltarse cualquier norma que a los demás nos obliga pero de la que ellos están exentos y liberados de cumplir y ya no digamos de pagar las consecuencias de su violación.

Uralde, es hora de decirlo, no ha sido detenido por la policía danesa y conducido a la cárcel preventiva por su justicia por protestar. Uralde no ha sido detenido por sacar una pancarta vestido de smoking. No. Lo ha sido por cometer varios presuntos delitos de suplantación de personalidad y autoridad diplomática, por allanamiento de morada y por escarnio a los símbolos y actividad de un Estado. De la misma manera que esos "revolucionarios" con tarjeta de crédito, comunicaciones sofisticadas, reservas de avión y peregrinación por los cinco continentes para destruir el mobiliario de las ciudades, atacar a las fuerzas de seguridad y dar trabajo a los cristaleros no son detenidos por sus ideas sino por agresión y estragos.

En suma, que uno confía en la justicia de los países democráticos, confía en la justicia danesa. Quizás hasta un puntito más que en la española.

P.D. Grave, en todo caso, tampoco hay que exagerar, no es el delito. Espero que con una multa se arregle y a casa. Pero tal vez sí nos enseñe una lección. Que hay países que respetan y hacen respetar sus leyes. Incluso a los intocables ecologistas.

OTR Press

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