Antonio Pérez Henares.- ¿Qué fue de las primarias?

Publicado 19/03/2019 8:01:36CET

MADRID, 19 Mar. (OTR/PRESS) -

Hubo un día, nada lejano, en que los partidos que se presumían nuevos, vírgenes y puros, entre sus muchas prédicas nos admonizaron sobre la necesidad de hacer primarias como los americanos para regenerar nuestra podrida democracia que con su sola presencia y ese talismán milagroso iba a quedarse más limpia y reluciente que una patena. Fue tal el ardor de los jóvenes adanes que proclamaron que todo aquel partido que no las hiciera no podía tener consideración de democrático y que debía serle impuesto por ley su celebración obligatoria. Por aquel entonces, que era ayer, resultaba muy difícil oponerse a ello y te condenaban a las tinieblas exteriores por un mero comentario señalando que había y se utilizaban por el mundo y aquí en España fórmulas diferentes, con sus muchos defectos y tachas, pero que podían ser tan validas como la que ellos proponían e imponían. Que había congresos, que había diversas elecciones internas y que aunque, en efecto, el peso de los aparatos era mucho y solía ser decisivo, también existían cauces correctores y participativos diferentes. Y que en los partidos era y iba a seguir siendo moneda de uso común, con o sin primarias, que el líder máximo repartiera, con su guardia pretoriana, los puestos en las listas y los cargos. Que así era la rosa, con primarias y sin ellas. Que norteamericanos no eramos.

Y así es, en verdad, en lo que ha acabado la cosa. Que primarias sí, se hacen, y que luego el sanedrín y el jefe se las pasan por el arco de su triunfo y quitan y cambian a quien les da la real gana. O sea, que por las provincias los militantes votan y luego en la sede central del partido deciden. Vamos lo que ha hecho Sánchez, que le pasó la dalla a todos los afines de Susana Díaz y a todos aquellos propuestos por las bases que no eran del gusto o estorbaban a la colocación de un ministro en la cabecera, que la misma hoz vale para segar en Sevilla o en Guadalajara.

Lo normal, mayormente, es que ya las primarias ni se hagan. Al personal se le han ido quitando las ganas y en la mayoría de los casos ya solo hay un candidato. El del aparato. Y si se hacen pues sea este quien las gane. Ciudadanos ha empleado mucho este sistema. Hacer aterrizar un paraca o un tránsfuga y después volcarse en su apoyo para aplastar cualquier intento rebelde. Por lo general han ganado, excepto en Castilla y León donde el tiro les ha volado el pie, porque visto a medianoche que perdían se dedicaron a inyectar votos falsos hasta que de mañana ya ganaba la Clemente. Descubierto el pastel, seguimos sin saber ni descubrir quienes fueron los autores del fraude, y quienes sus inductores, que no debió ser precisamente un militante de base sino alguien con entorchados de general para arriba y de los que salen en las fotos con Rivera. En el caso de Podemos, por su parte el asunto alcanza tal grado de paroximso que uno ya se ha perdido en las peleas y facciones de su particular Vida de Brian. Pero lo que está claro es que bien no les ha salido el experimento. En Madrid va ya por tres listas que lo mismo se pueden convertir en cuatro o fusionarse por decreto de última hora con la vuelta del capitidisminuido macho alfa.

En suma que la panacea aquella de las primarias ha venido a quedar en pantomina, en esperpento o en el dedazo de toda la vida. Que ha resultado a la postre ser la fórmula empleada por todos. El jefe, que en verdad y en ciertos casos ha tenido que batirse el cobre y en dura batalla para hacerse con el mando, elige y selecciona a sus equipos como le viene en gana y atendiendo a sus necesidades futuras por si gana... y por si pierde.