Antonio Pérez Henares.- La resurrección de Rajoy

Actualizado 03/03/2009 1:00:45 CET
Actualizado 03/03/2009 1:00:45 CET

Antonio Pérez Henares.- La resurrección de Rajoy

MADRID, 3 Mar. (OTR/PRESSS) -

Los gallegos le hicieron caso a Pepiño Blanco y fueron a votar en bandadas. Lo malo para Pepiño fue que las bandadas eran de gaviotas "populares". Un viejo mantra se hizo añicos: la participación favorece a la izquierda. No. La movilización del electorado propicia el cambio. En un sentido o en otro. Los gallegos votaron masivamente, como nunca habían votado, hasta superar la cifra increíble en esa comunidad del 70% . Votaron en las zonas rurales pero el voto del PP se desbordó, y esta es una gran novedad, en las ciudades, en los entornos mas urbanos e industriales. Y claro que la crisis tuvo algo que ver. Y Rajoy resucitó. Se la jugaba y ganó. Alberto Nuñez Feijó, su amigo, próximo presidente de la Xunta tuvo mucho y más que ver. Un nuevo estilo, un aire diferente, unas gafas en vez de boina, una sensación de no gastarse el jornal en sillas y rosas, un contrapunto de sensatez y autoridad frente a un Touriño entregado al BNG de Quintana. Ganó Feijó. Pero ganó Mariano. Rajoy ganó sus primeras elecciones y Zapatero sufrió su primera derrota. Los dos habían hecho de Galicia un asunto personal. El uno salio a la calle a festejarlo, el otro no quiso ni asomarse a la puerta de su despacho de Ferraz.

Para Mariano Rajoy el triunfo es algo más que un balón de oxigeno. Es un cambio cualitativo. Es liberarse de golpe de un complejo, de un mote de perdedor, de una imagen timorata del que nunca quiere arriesgar. Es también tapar muchas bocas, acallar muchas pretensiones, silenciar los pulpitos que encajaban ayer a duras penas y con rictus sufrido ¡la victoria!. Porque algunos del PP y de los que quieren desde fuera dirigir los rumbos del PP ansiaban la derrota y el entierro del gallego. Los gallegos y los votos les han silenciado. De momento, claro. Pero por ahora desactivados.

El líder, ahora si, ya puede salir al combate en campo abierto y a por todas. Ya no habrá latiguillo recurrente en el Parlamento, ya no habrá Zapatero que le perdone la vida recordándole derrotas. El ya tiene la suya, dolorosa , inesperada hace tan sólo una semana, que acarrea pérdida de poder territorial y de imagen personal. Una derrota sin paliativos, sin excusa, que abre carriles a la duda y deja flancos al descubierto y en carne viva la herida de la crisis y el pus del paro. La pérdida de Galicia marchita la flor, o al menos le arranca varios pétalos y la "baraka" se oscurece. Porque está lo de Euskadi que parece que hace volver a brillar su estrella. A Ibarrtexe se le ha acabado el plan. Un tal López ha tenido la máxima culpa. Si. Es trascendental lo sucedido en el País Vasco y los socialistas están llamados a hacer historia y subvertir el orden nacionalista que parecía eterno. Pero no sólo están llamados. Es que están obligados. Es que no se entendería que se uncieran otra vez al buey del PNV. Es que sería una dejación impresentable para sus votantes de Sevilla, de Cáceres o de Toledo. Es que lo pagaría ZP muy caro en una urnas. Y las próximas, europeas, son en junio. Y resulta que el PP, otra vez Rajoy tiene la llave. Sólo o en compañía de Rosa Diez (el escaño 25 acabará en manos del PSE en Alába le bastan ocho votos emigrantes) es quien puede y está dispuesto a dar ese gobierno. El "apestado" se convierte en necesario, en piedra de toque para el cambio y serán sus escaños los imprescindibles para sacar las leyes adelante y sus votos necesarios para restaurar constituciones y libertades. El PP de Basagoiti, que ridículo el de las "encuestas del miedo", aguantó y el cacareado desplome se convirtió en una leve derrama. Y el sarcasmo : ahora el PP disfruta de aquello por lo que tanto ha sufrido. Perdiendo votos gana un enorme poder de decisión. Habrá de ser considerado "presentable en sociedad" y los cordones sanitarios se diluyen cuando la necesidad aprieta.

Marzo , los nefastos "idus" de Cesar, parecía destinado a ser el mes fatídico de Rajoy . Pero el 1 no era el 11. A aquel le sobró un uno, diez días y casi 200 muertos. En este, al que ya iban a enterrar como cadáver los propios y los extraños, lo han resucitado las bandadas de gaviotas de sus paisanos.