Cayetano González.- El obispo Uriarte y ETA.

Actualizado 11/09/2009 14:00:29 CET

MADRID, 11 Sep. (OTR/PRESS) -

El Obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, ha vuelto a hacer unas controvertidas reflexiones -en esta ocasión en el contexto de una homilía pronunciada el pasado martes en el Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu- sobre el final de ETA. Uriarte ha dicho que "el diálogo es el camino ineludible hacia la paz" y rechazó lo que considera "la tentación de solventar las sensibles diferencias políticas mediante la aplicación de la ley vigente". No se si el hecho de que, al parecer, el relevo de Uriarte al frente de la Diócesis de San Sebastián esté cercano ha avivado la locuacidad del prelado en un intento de dejar bien claro su posición sobre esta materia.

Parto de la idea de que personalmente no me gusta que un eclesiástico, sea quien sea, se ponga a hablar de cuestiones que tienen un marcado carácter político y que por lo tanto están sometidas a la libre discusión de las personas. Se supone que un obispo tiene que hablar fundamentalmente de Dios y de todo lo que hace referencia a la fe, a la religión, a la moral. Pero Uriarte no debe de pensar lo mismo y por eso se mete en unos "pantanos" que suelen estar muy embarrados.

A mí me gustaría que Uriarte explicara claramente de qué se puede hablar -en ese hipotético diálogo que el propugna- con unos terroristas que desprecian absolutamente el principal derecho de la persona humana, que es el derecho de la vida. Me gustaría que Uriarte aclarara si él da y por qué categoría de interlocutores a unos viles asesinos. Me gustaría que Uriarte pensara mucho más y estuviera, con hechos, más cerca de las víctimas que de los terroristas. Me gustaría que Uriarte no se alineara como casi siempre hace con las tesis defendidas por el nacionalismo vasco y adoptara una posición más neutral, porque entre sus feligreses se encuentran muchos que no son nacionalistas y que se pueden ver desamparados por su pastor.

También me gustaría que Uriarte aclarara que otros instrumentos distintos a los de la aplicación de la ley vigente hay para combatir el crimen y el asesinato. Mezcla Uriarte dos cuestiones: lo que él llama "sensibles diferencias políticas", en una democracia, se solventan en las urnas y en el libre juego de los partidos políticos estén en el Gobierno o en la oposición. Matar por conseguir un fin político, como hace ETA, no es una "sensible diferencia política"; es simplemente un asesinato, que un Estado de Derecho debe de perseguir, ¡faltaría más monseñor Uriarte!, con la aplicación estricta de la ley.

Produce mucho sonrojo y pena tener que recordar estas cosas tan elementales a quien por razón de su misión en esta tierra, tendría que tenerlo más claro que muchos otros ciudadanos. Creo sinceramente en la buena voluntad de monseñor Uriarte y en su deseo de que acabe cuanto antes el terrorismo. Pero con la misma sinceridad creo que sus reiteradas tomas de posición sobre todo lo relacionado con ETA no ayudan nada a la resolución del problema y pueden resultar muy injustas para quienes han sufrido directamente el terrorismo que no son otras que las víctimas.

OTR Press

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