Charo Zarzalejos.- Aire Nuevo

Actualizado 15/02/2009 1:00:30 CET
Actualizado 15/02/2009 1:00:30 CET

Charo Zarzalejos.- Aire Nuevo

MADRID, 15 Feb. (OTR/PRESS) -

No sé bien a que atribuirlo. Como todos los ciudadanos del norte de España, una está acostumbrada a la niebla y la lluvia. El ambiente gris es en el que más nos identificamos, de manera que en lo que en sur es un día "para quedarse en casa", para nosotros, los acostumbrados a la niebla húmeda, suele ser una jornada perfecta. Pero, de repente, confieso sentir una extraña impaciencia por ver como se asienta la primavera, se disipa la niebla y llega ese aire nuevo y alocado que despida este largo y, percibo, que triste invierno.

Mis escapadas por distintas ciudades españolas son breves pero frecuentes. En ningún caso hay tiempo de escanear la realidad de cada una de ellas, pero sí de obtener las suficientes fotografías como para concluir que España también está necesitada, como yo misma, de que la niebla se disipe.

Es la niebla de la crisis que azota ánimos y futuros. Todos nos sentimos más pobres, somos más pobres y muchos, demasiados, no saben ni cómo ni cuándo van a dejar de serlo. Atenazan el ánimo las colas del paro, las de los comedores sociales, los muchos padres que han retirado a sus hijos de los comedores escolares, las bajas en los seguros médicos privados. Y en el estomago se instala un pellizco cuando escuchas como una parcela del futuro imaginado se ha hecho añicos.

Estas fotografías permiten, además, concluir que si el hoy agobia, mucha más zozobra colectiva produce imaginar cual será el escenario resultante de la crisis, qué habrá a la salida del túnel. Y es que hay una percepción, cada vez más compartida, de que la crisis económica es más que pura economía y que su superación implica establecer un nuevo orden, un nuevo modelo, unas nuevas normas y unos nuevos valores. Una nueva forma de entender la vida y pasar del "futuro no importa" a ir asumiendo que el futuro es hoy mismo. Y la gente mira y busca y no encuentra, porque, en el fondo, estamos huérfanos de referentes sociales, morales y políticos.

Y esta orfandad es real. Lo es porque la niebla de la ineficacia, del no saber qué hacer, de los discursos que a nada conducen, de la autocomplacencia, envuelve al Gobierno. Lo es porque la niebla de las luchas cainitas, de las sospechas administradas gota a gota, de los dimes y diretes de quienes nada se juegan pero creen saberlo todo, atenaza al primer partido de la Oposición. Es real esta orfandad cuando la Justicia, representada en una magnifica escultura de una mujer con los ojos vendados y una balanza en la mano, representando su vocación de estar por encima de la contingencia, se revuelve y habla de huelgas y su interlocutor del Gobierno anda de cacería con un juez que en sí mismo es pura noticia.

Aseguran los expertos en sociología que uno de los motivos profundos del éxito electoral de Obama estriba en la necesidad de los americanos de creer en alguien. Creo que algo de eso comienza a ocurrirnos a nosotros, los españoles. ¿Tenemos en quien creer?

Charo Zarzalejos