Charo Zarzalejos.- Días de penumbra

Actualizado 07/02/2010 13:00:23 CET

MADRID, 7 Feb. (OTR/PRESS) -

Estos días pasados quedarán grabados en la memoria del Presidente. Posiblemente nunca calculó que estas cosas le pudieran ocurrir a él. Nunca imaginó verse entre Letonia y Grecia, manifestándose así la impericia de quienes tienen la obligación de cuidar al detalle la presencia del Jefe del Ejecutivo en el escenario internacional. Quienes tienen esta obligación nunca debieron permitir semejante foto. Lo mismo cabe decir de la anunciada pero nunca prevista visita de Obama. Y así se podrían ir añadiendo desatinos muy poco explicables y, desde luego, imperdonables.

En medio de la penumbra, el Presidente protagonizó el Desayuno de la Oración con una plegaria laica, a la que los grandes periódicos norteamericanos injustamente casi ignoraron. Con el ruido del avión en los oídos, Zapatero se reúne con sindicatos y patronal para presentarles la propuesta del Gobierno para facilitar el empleo de los jóvenes. La propuesta es tan genérica que necesariamente no podía ser rechazada por ninguna de las dos partes. Esta propuesta ha sido el final -de momento- de una semana de constante pedaleo, de una convulsiva actividad para recuperar el terreno perdido, para que nadie nunca más al otro lado de nuestras fronteras dejen de mirar a nuestro país como el paquidermo de Europa.

Y en estas llegó la encuesta del CIS ratificando la caída en intención de voto del PSOE. Los socialistas hacen como si no les importara y los populares tratan de disimular la alegría que semejantes previsiones les produce.

Han sido días horribles para el Gobierno que ha modificado su discurso y su actitud sin sentido, que ha dedicado más tiempo a criticar al PP que a vender sus propuestas. Han sido días horribles para el Presidente y aunque es verdad que el personaje da síntomas de agotamiento que nadie crea que es un espejo roto. Afortunadamente para todos la situación económica va a ir mejorando, aunque esta mejora no se refleje a corto plazo en la creación de empleo, que es el reflejo más doloroso de este lento pero inescrutable proceso de empobrecimiento. Quedan tiempos duros, pero el personaje no está agotado. Ni va a haber adelanto electoral, ni está en la agenda de Rajoy presentar una moción de censura, de manera que tiene tiempo para enderezar no sólo la estrategia sino la imagen del propio personaje.

Zapatero ha tenido la virtud de sorprender a los más cercanos con decisiones que les han llenado de vértigo y esa virtud, esa capacidad, para manejar cartas que los demás ignoran no ha desaparecido. El PP de Mariano Rajoy debería prepararse para un movimiento imprevisto del Presidente. La crisis no la ha manejado con acierto, pero en el manejo de los tiempos es único. Una vez que finalice la presidencia europea, volverá a centrarse en los asuntos domésticos -también los electorales- y será entonces cuando Zapatero, con toda seguridad, va a trabajar para resurgir de sus cenizas.

Es un misterio saber hasta qué punto el espejo se ha roto y una incógnita establecer el grado de descreimiento de la opinión pública en su condición de responsable político. Sólo las urnas tienen la solución al misterio, pero Zapatero tratará de conjurar el fantasma de la derrota electoral. Habrá remodelación del Gobierno antes de fin de año y cuando menos lo esperemos, el Presidente sacará esa carta con la que nadie juega. Rajoy, si no quiere equivocarse, lo debe tener muy presente.