MADRID 10 Jul. (OTR/PRESS) -
Fue en septiembre de 2024 cuando el Presidente del Gobierno dijo una verdad que el tiempo ha demostrado ser irrefutable. No se trataba de una opinión, sino de una decisión que, hasta el momento, ha cumplido fielmente: "Vamos a avanzar con determinación con o sin el apoyo de la Oposición, con o sin el concurso del poder legislativo".
Lo dijo con la seguridad y ese punto de altanería que le caracteriza cuando realiza anuncios que sabe son, en realidad, una especie de órdago. Y este lo fue. Aquellas palabras dieron una bofetada al núcleo duro de una democracia como la nuestra cuya Constitución atribuye al poder legislativo funciones y poderes bien determinados. En segunda derivada fue también un mensaje a sus socios a los que sin decirlo les dijo que daba igual su apoyo porque lo suyo es seguir con o sin el apoyo del Parlamento y ahí, en el Parlamento están sus socios de investidura...
Es al Parlamento al que le corresponde decidir quién es el Presidente del Gobierno y esa mayoría que le llevó a Moncloa tiene a su vez, y por encargo constitucional, la capacidad para aprobar o rechazar leyes. En una democracia parlamentaria, si se pierde la mayoría que te hizo Jefe del Ejecutivo esa autoridad como Presidente del Gobierno, cuando menos, resulta dañada, cuestionada. Perder una votación es algo que forma parte del debate político. No tiene especial trascendencia.
Lo que sí tiene trascendencia es que sea, nada menos que el Presidente del Gobierno, quien desprecie e ignore a uno de los poderes del Estado. No cabe duda que lo dicho por el Presidente aquel septiembre de 2024, Pedro Sánchez lo ha cumplido. Prueba de ello es que ha protagonizado toda una legislatura incumpliendo la Constitución al no presentar presupuestos siendo lo más sangrante que después de un incumplimiento constitucional de semejante calibre, ahora el argumento para no convocar elecciones se apele a la Constitución como argumento irrefutable. Y ello sin olvidar q no se ha celebrado ni un solo debate sobre el estado de la Nación. ¿Alguien da más?
Lo sorprendente es que esta circunstancia, esta verdad, no ha llevado a reflexión alguna a su propio partido. Pero no importa. La prueba es que que al parecer a los socialistas, al menos los que tienen mando en plaza (el mando de verdad sólo lo tiene Sánchez) parecen estar conformes. Se vio con claridad en el último comité federal en el que con un saco de imputados, dos secretarios de organización en la cárcel y después de claras derrotas electorales, actuaron como si nada hubiera ocurrido. Todos tan contentos y satisfechos. Ya no sorprende nada o casi nada. Lo más llamativo es pensar que se lo creen. Que se creen más limpios que nadie porque actúan con contundencia, dicen, ya que todo son bulos y perder elección tras elección no deja de ser una circunstancia irrelevante, tan irrelevante que no mereció ni siquiera un breve informe de la dirección.
Si estas dispuesto, y lo estuvo aquel septiembre de 2024, a lanzar un órdago nada menos que al poder que te llevó, legítimamente, a Moncloa, todo lo demás resulta coherente. Incluso será coherente que en el supuesto más probable de que el Congreso tumbe los anunciados PGE, no hay que descartar que lejos de plantearse una convocatoria inmediata de elecciones, y en coherencia con su desprecio al propio Parlamento, estire la situación más allá del mes de marzo, mes en el que no pocos sitúan la cita con las urnas.
Habrá elecciones cuando el Presidente lo decida. Es su potestad exclusiva, pero cuando se abran las urnas, si el PSOE acumula una nueva derrota, la responsabilidad no se podrá atribuir en exclusiva a Pedro Sánchez. Ningún líder gana o pierde en solitario. Los acompañantes, socialistas y no socialistas aunque se crean lo contrario, no son, nunca, actores secundarios y prescindibles. Sin ellos, ningún líder es líder.