MADRID 2 Nov. (OTR/PRESS) -
La foto que se han hecho los candidatos catalanes columpiándose como niños en una viga del AVE parece el final feliz de una de esas peleas que se arman en los patios de los colegios a la hora del recreo. Una forma de liberar las tensiones de la campaña. A nadie se le escapa que, acabado el recreo de las urnas, en cuanto vuelvan a clase, los 'amiguitos' volverán a tirarse las tizas a la cabeza, y las tensiones a acumularse y a estallar. Por artificiosos o ridículos que nos parezcan, yo creo que gestos de distensión como los de esa foto son muy de agradecer porque la crispación que está alcanzado la vida política se está volviendo tan insoportable que, todos -ellos y nosotros, también los ciudadanos- necesitamos una pausa de vez en cuando para respirar. Ventilar los malos humos de la habitación. Abrir la ventana con una sonrisa para que entre el aire.
"Los políticos -le oí decir hace poco a uno de los dirigentes más conocidos de nuestro país- somos, en realidad, producto y marca. La marca es el partido y el producto, nosotros". Me parece que esto es especialmente cierto en campaña electoral. Como han demostrado una vez más las elecciones catalanas de ayer, aunque a veces el 'producto' nos parezca un poco averiado, al final acabamos 'votando' por la 'marca' que nos merece mayor credibilidad. Como ocurre cuando vamos a hacer la compra, una 'marca' tiene que habernos defraudado muchas veces para que nos decidamos a echar otra en el 'carrito'.
Votar en libertad es un privilegio, un lujo al alcance de muy pocos países, una verdadera rareza en este mundo tan decepcionante que estamos construyendo. Pero, en la democracia española se está encendiendo una luz roja que los partidos políticos deberían apagar cuanto antes. Como también han demostrado una vez más las elecciones de ayer, cada vez es más frecuente que gane 'la abstención'. Incluso en las que nos jugamos el día a día, como es el caso de las autonómicas, cada vez más españoles 'votan' por irse al monte o a la playa, o por quedarse en casa vagueando; que tampoco es mala opción como forma de protesta contra el tedio y el cansancio infinitos que nos causa que, venga o no a cuento, haya o no motivo, la crispación se esté convirtiendo en la 'imagen corporativa' de todas las 'marcas' del 'hiper' de la política.
Consuelo Sánchez-Vicente