MADRID 28 Ene. (OTR/PRESS) -
A su paso por Davos (Suiza), Donald Trump dijo que Europa le debe a los Estados Unidos más de lo que ellos han recibido de Europa. Es verdad. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, sin la presencia de tropas norteamericanas en territorio europeo es probable que la Unión Soviética, el otro vencedor de la Alemania nazi de Hitler, tras la conquista de Berlín quizá habría seguido avanzando hasta alcanzar el Atlántico tal y como se maliciaba el premier británico Winston Churchill. Concluida la guerra, ese temor larvado germinó en la creación de la OTAN, alianza político militar cuyo principal elemento disuasor, desde el principio, residió en la capacidad de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, la principal potencia nuclear del planeta.
Con la escasa diplomacia que le caracteriza al evocar de dónde venimos, Trump les recordó a los suizos -el país anfitrión de la Cumbre de Davos- qué de no ser por los Estados Unidos tampoco Suiza existiría. Su forma de ver las cosas y, sobre todo, la forma a veces brutal como las expresa, resta crédito a sus palabras, pero en este caso, en relación con la deuda que tenemos los europeos con los Estados Unidos, se ajusta a la realidad.
En el caso de España, menos. Menos porque en 1945 los Aliados no forzaron la caída del régimen del general Franco pese a qué España, como es sabido, durante la contienda estuvo al lado de Alemania llegando a enviar tropas a Rusia para luchar contra el comunismo, la famosa División Azul. El contexto de desconfianza de las democracias occidentales respecto de la Rusia soviética que propicio el marco de lo que conocimos como la Guerra Fría y el reconocido anticomunismo de Franco explica la política de Washington en el caso de España. La historia enseña que, en no pocas ocasiones, el pasado es prólogo y Donald Trump ha querido recordar lo que entiende como ingratitud hacia América por parte de Europa. Lo hace, obvio resulta decirlo, tratando de justificar su injustificable intención de quedarse con Groenlandia, un territorio que pertenece a Dinamarca. Habló de comprar la isla, pero sin despejar del todo la amenaza de recurrir a la fuerza. De hacerlo provocaría el final de la OTAN y en términos geo estratégicos el fin de buena parte del mundo actual abriendo paso a lo desconocido. Malos tiempos.