Publicado 27/03/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Y ahora... ¡¡Andalucía!! (no, no hablo de procesiones)

MADRID 27 Mar. (OTR/PRESS) -

Acabó la sesión parlamentaria, por cierto con los escaños azules (y rojos) prácticamente vacíos, y se cerró una etapa política. Sé que, desde hoy mismo, muchos españoles están preparando sus vacaciones de Semana Santa, o directamente se han lanzado ya a ellas.

Todos somos conscientes de que el retorno de esta semana de descanso que algunos disfrutarán plenamente, otros solo parcialmente y otros no podrán hacerlo, va a ser pródigo en noticias y acontecimientos. Ahí están las elecciones andaluzas, que forzarán una previa remodelación del Gobierno, tal vez en las próximas horas, y están, también, las consecuencias económicas de la guerra con Irán, los juicios por corrupción que vienen y un largo etcétera que pesa sobre la gobernación de nuestro país.

Los medios vivimos estos días desbordados por el 'quinielódromo': quién entrará y saldrá del Gobierno (bueno, hay un nombre seguro, el de la 'número dos', María Jesús Montero), a quién beneficiará, o perjudicará, Pedro Sánchez designándole como su 'segundo', aunque tanto el presidente como nosotros todos sabemos que Sánchez no admire 'segundos' en su órbita.

Pero le confieso a usted que, más que el destino futuro de Carlos Cuerpo y de Félix Bolaños, pongamos por caso, o incluso más que si Sánchez aprovechará o no ahora para hacer una remodelación ministerial más amplia, me interesa comprobar cómo piensa el PSOE desarrollar la campaña en el que fue, y ya no es, su feudo, Andalucía, la Comunidad más grande y populosa de España, el granero de votos sin el cual la gobernación de la nación se hace muy complicada.

Veo al PSOE, y a su presidente, como en transición hacia otros parámetros. Sánchez es un animal político en toda regla, que ventea, me parece, que así no se puede seguir, con los mismos rencores, idénticos enfrentamientos parlamentarios, similares muros e incumplimientos. Para ser justos, habremos de decir que el partido gobernante mantiene un suelo estable, siete millones de votos, pese al patente desgaste que le supone gobernar, y más aún gobernar como lo está haciendo. En La Moncloa, dicen, ven al PP, incluso a un pacto PP-Vox como el que se delinea, tan difícilmente, en varias autonomías, incapaz de llegar a un acuerdo de mayorías suficientemente creíble para el ciudadano medio.

Lo digo porque también veo que, pese a la inestabilidad, también la 'clase monclovita' parece poseída por cierto optimismo. No todo va tan mal, piensan, en un Parlamento donde al PSOE le queda aún margen para negociar con los nacionalistas, con Podemos y, por supuesto, con Sumar, que se aferra a su permanencia en el Gobierno como a un clavo ardiendo.

Mucho depende, así, de lo que ocurra en Andalucía el 17 de mayo. Una derrota muy severa de los socialistas a manos del PP (seguramente sin Vox) aguaría muchos entusiasmos. Si la derrota, que se da por segura en todos los ámbitos, no fuese tan rotunda como hoy por hoy dicen las encuestas, los cambios que vienen se harían con sordina: pero si hay descalabro auguro innovaciones importantes en la actuación del Gobierno central.

Así, Andalucía, como ocurre con Cataluña, se configura como el gran banco de pruebas de cara a las elecciones generales que Sánchez quiere dilatar hasta el verano del año próximo. Insisto en que bastante va a depender del resultado en las urnas andaluzas. La carrera, casi en su recta final, se inicia tras la Semana Santa y yo creo que nos va a dar la tónica, nada menos, de lo que va a ser la política española en los meses siguientes. Temblemos. O confiemos, quién sabe.

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