Actualizado 08/05/2007 02:00 CET

Fernando Jáuregui.- La Moncloa telefonea a 'Sarko'

MADRID, 8 May. (OTR/PRESS) -

Algunos colegas de los medios españoles insistían estos días en que una victoria de Sarkozy sería una mala noticia para el Gobierno español, pretendiendo que existe una mala relación entre el conservador que acaba de triunfar en las elecciones presidenciales francesas y el socialista Zapatero. Es más: un respetado director de periódico madrileño afín al 'ala liberal' del PP elaboraba en su largo artículo de la mañana del domingo electoral en Francia toda una tesis acera de un futuro eje Merkel-Sarkozy más el británico Cameron (si gana a los laboristas tras el paso de Tony Blair por Downing Street, lo que es bastante probable) y*el español Mariano Rajoy, en el supuesto, claro, de que venciese al PSOE en las elecciones generales de marzo. Un frente conservador europeo para construir la Unión del futuro.

Parecería que la lógica alegría en el Partido Popular y aledaños por la brillante victoria de 'Sarko' se complementa con una malsana satisfacción ante el hecho de que las relaciones hispano-francesas vayan a quedar tocadas por la presunta mala relación personal y política entre el socialista-izquierdista de aquí y el liberal-muy conservador de allí. Pero esa mala relación personal no está demostrada.

Ni la política, tampoco. Claro que 'Sarko' va a preferir la compañía de su más o menos correligionaria Angela Merkel a la hora de fortalecer el eje franco-alemán en la UE. Pero ese eje siempre ha existido, al margen de colores políticos, y España nunca ha formado parte de esa locomotora, al menos no todavía. Y ya se sabe que las relaciones comerciales, culturales, de intercambio de información y de lucha contra el terrorismo se sitúan por encima de partidismos y se convierten en cosa de Estado. De momento, el principal habitante del palacio de La Moncloa se ha apresurado a pedir una cita al nuevo inquilino del Elíseo.

Mal haría el PP, por tanto, en mostrar alegría ante la eventualidad de que pudiesen empeorar las relaciones con el poderoso país del norte, que tanta influencia tiene en España aunque haya dejado de ser cierto aquello de que, cuando Francia estornuda, España tiene gripe. Ya no. Pero nos interesa al común de los ciudadanos que la relación siga siendo buena, como lo es desde hace bastantes años. Los 'populares', que están mostrando estar mal asesorados en cuanto a algunas de sus salidas públicas -la teoría de la conspiración en el 11-m; lo de la 'cortina de humo' en la detención de la Pantoja; la acusación de que Zapatero ha "maniatado" al Supremo en lo de las listas batasunas--, deben contenerse ahora, ya que han perdido tantas ocasiones de hacerlo en fechas anteriores.

Otra cosa muy distinta es la alegría por la victoria incuestionable del correligionario. El péndulo europeo marca ahora conservador, y la muy probable victoria del conservador Cameron en Gran Bretaña lo abona. Eso, sin duda, ayuda a las expectativas de Mariano Rajoy, pero de nada le va a servir si no clarifica los mensajes de su partido y aprende del Movimiento de Sarkozy cualidades como la contundencia, el liderazgo indiscutible, la firmeza en las ideas, el mirar hacia el futuro y la homogeneidad del equipo dirigente. Y, en mi opinión, sería peligroso que escuchara las peores voces en su entorno que ponen el acento en los aspectos más 'duros' del nuevo presidente galo.

Por lo demás, Rajoy no es peor candidato que Sarkozy, como Zapatero no es peor que Segolene Royal, por mucho que el papanatismo nacional se empeñe en minusvalorar lo propio y exaltar lo ajeno. Sus respectivos equipos sí son, en general, peores, y sus respectivos mensajes calan menos en la ciudadanía porque son menos sinceros, menos rotundos, más dedicados a denigrar al contrario que a construir en campo propio. Véanse, si no, algunas de las cosas que se están diciendo en la campaña de aquí y contrapónganse al debate, bastante profundo, que se ha dado allí. Y entonces, claro, una participación del 85 por ciento en Francia frente al exiguo, pobretón, cincuenta por ciento que, más o menos, venimos cosechando aquí a la hora de respaldar los procesos electorales.

Fernando Jáuregui.