Fernando Jáuregui.- Pero ¿es que nadie quiere ir al Gobierno?

Actualizado 18/04/2009 14:00:42 CET
Actualizado 18/04/2009 14:00:42 CET

Fernando Jáuregui.- Pero ¿es que nadie quiere ir al Gobierno?

MADRID, 18 Abr. (OTR/PRESS) -

Pues no, parece que nadie, o casi nadie, quiere ir al gobierno... autonómico. Me refiero a lo que está ocurriendo en el País Vasco y, en menor medida, en Galicia. Bueno, precisemos: los independientes de valía contactados por Patxi López para integrarse en el próximo Gobierno vasco que él presidirá le están dando, casi indefectiblemente, calabazas. Ahí es nada, meterse, en todos los casos contactados ganando bastante menos dinero, en un Ejecutivo directamente amenazado de muerte por ETA. Y a ver quién es capaz de criticar tan comprensible actitud: probablemente era eso mismo lo que ETA pretendía con su amenaza, poner una china más en el zapato de López, a quien, entre la oposición política y la sindical-nacionalista (que, por supuesto, también es política), se le complica notablemente la meritoria tarea que tiene ante sí.

Me dicen que en Galicia, aunque en mucho menor grado, y desde luego por muy diferentes motivos, también podría hallarse Alberto Núñez Feijoo ante algunas dificultades para incorporar independientes con notoriedad a su Gobierno. Lo mismo que está ocurriendo a la hora de llenar algunas vacantes en los 'segundos escalones' de la Administración central. Y es que la vida pública tiene, hoy, muchas más asperezas que la privada. Los controles son, afortunadamente, mayores, los sueldos no son para tirar cohetes y el prestigio de la política ha mermado, definitivamente.

Claro que hay muchos que sí quieren integrarse en las relativas comodidades del cargo público, sobre todo mientras los inevitables drásticos recortes en el gasto no les afecten. Pero entiendo que la profesionalización de la política, que avanza a pasos agigantados, es algo negativo; que jóvenes sin gran formación, que poco o nada saben de gestión en el sector privado (ni en el público) pasen directamente de las juventudes de sus partidos a lo que ha venido llamándose la poltrona es algo que incide en el empobrecimiento de la vida política, lo cual es un fenómeno palpable en los pasillos de las Cortes y en los despachos de los ministerios.

Una lástima que estas dificultades puedan llegar a ensombrecer la magnífica gestión poselectoral que están haciendo tanto el socialista López -con el concurso impecable del PP vasco_ como el gallego Núñez Feijoo -con la elegancia que muestra el derrotado Touriño--, que merecen formar equipos de primera magnitud. Pero los excesos de los pecadores acaban pagándolos también los justos, y no me negará usted que tanto en la Administración central como en la autonómica y la local, excesos ha habido. Y no pocos, por cierto. ¿Cómo extrañarse de que haya quienes den la espalda a todo ello?

OTR Press

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