28 de febrero de 2020
 
Actualizado 31/05/2007 2:00:20 CET

Fernando Jáuregui.- Una operación más en los cenáculos

MADRID, 31 May. (OTR/PRESS) -

Los asistentes a cenáculos y mentideros madrileños inventan de cuando en cuando alguna operación política. Con o sin fundamento. Es casi una tradición capitalina. Ahora, sutilmente, en algunos de esos ámbitos apuestan por un nuevo líder, que podría llamarse Gallardón-Sarkozy. Será porque la mujer del presidente galo es medio prima del edil madrileño y ha sido invitado a pernoctar en El Elíseo quizá porque ha obtenido unos excelentes resultados en la capital, frente a adversario alguno. O porque ha tenido la osadía de lanzarse al ruedo, ante las narices de Mariano Rajoy, proponiéndose sutilmente como alternativa de futuro. Eso sí, con habilidad suma y apariencia de discreción.

Así que desde medios nada lejanos al Partido Popular se insinúa veladamente, pero no tan veladamente, la figura de 'Alberto' como eventual apuesta del 'centro derecha español' de cara a un relevo de los socialistas, ahora que se ve este relevo como relativamente cercano. Y es que los perores enemigos del PP están en el PP mismo y en sus aledaños: los unos, apostando por Gallardón, aunque lo disfracen de respaldo a un Rajoy silente, que, por cierto, se ha batido magníficamente el cobre en la campaña electoral. Los otros, proclamando abiertamente las bondades de una Esperanza Aguirre que ellos saben que nada tiene que ver con expectativas personales de llegar a La Moncloa, pero sí con esperanzas (perdón por la redundancia) de quienes la adulan de recibir dádivas y bienes.

Así que unos cenáculos de la Villa y Corte tiran de la manga de Rajoy hacia el centro gallardonista y otros le empujan hacia una derecha dura a la que quieren poner, con más o menos fundamento, un liderazgo esperancista. Y el alcalde de Madrid, aupado en un montón de votos, porque era el único en la carrera, porque ha sido, desde luego, un buen regidor de la capital y porque es un político hábil en el más político sentido de la palabra (que incluye, claro, no pocas connotaciones peyorativas junto a muchas positivas), no sólo se deja querer, sino que se lanza arriesgadamente al abismo de la legítima ambición política.

Como si Madrid fuese la capital de todas las españas, como si los futuros presidentes del Gobierno se fabricasen en desayunos y almuerzos y no estuviesen ocurriendo tantas cosas entre bastidores, y al margen de La Moncloa y de Ferraz (y de Génova, claro), por ejemplo en Navarra, y en Canarias, y en Baleares, donde se buscan pactos tantas veces 'contra natura', se urden golpes de mano sin cuento, se diseñan maniobras subterráneas en la penumbra, o en la oscuridad más descarada y surgen líderes políticos prometedores. Como si el sondeo que nos ha hecho llegar el CIS sobre popularidad de líderes y estados de opinión de la ciudadanía se circunscribiese a las calles adyacentes al Congreso y el Senado. En los laboratorios de aficionados madrileños se pergeñan operaciones y operacioncitas que nunca llegarán a su destino, entre otras cosas porque la política tiene bastante más de natural y de sentido común que de alquimia y conspiración.

Para mí, al menos, puede que Mariano Rajoy, que no juega a la pirotecnia ni es invitado al Elíseo, pero que no anda zascandileando ni complotando por ahí, ni abonándose a tesis conspirativas sin fundamento, siga siendo el mejor, el más sólido y consolidado, candidato del centro-derecha. Claro que, para que estemos seguros de que está en el centro-derecha, o incluso en el centro, tendrá que desprenderse de adherencias indeseables, de ciertos sedicentes apoyos sociales (religiosos, mediáticos, peones negros, presuntos dirigentes de víctimas del terrorismo o de funcionarios que se proclaman con manos limpias) y de algún dirigente de su partido, como el portavoz parlamentario, enfrentado al círculo más cercano y válido del presidente nacional del PP.

En la hora de la (muy relativa) victoria, el PP no puede ser una jaula de grillos en la que cada cual exprese su gritito, reflejo de sus ambiciones personales. El espectáculo de la división y el desconcierto le corresponde ahora al PSOE, donde ya se ve que hay más mar de fondo del que incluso quienes estábamos seguros de ciertos resultados imaginábamos. Ahora es el momento de la oposición, y no puede desaprovecharlo. Por lo pronto, celebremos la decisión de los 'populares' de no ceder a las tentaciones de pactos postelectorales de extrañísimos compañeros de cama, ni siquiera para quedarse con la presidencia de Canarias. La propuesta de Rajoy en este sentido fue un paso serio, aunque insuficiente, que los populares habrán de respetar y los socialistas deberían acoger. Pero eso, claro, sería mucho pedir a la endeble moral política de este país nuestro, cada día más en manos de las zancadillas de esos cenáculos y mentideros que, como los romanos en el circo, disfrutan viendo cómo los gladiadores se matan entre sí por un quítame allá esas pajas o un ponme acá un sillón monclovita.

Fernando Jáuregui.

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OTR Press

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