Fernando Jáuregui.- Una rueda de prensa -con preguntas-de Rajoy.

Actualizado 24/11/2011 13:00:54 CET

MADRID, 24 Nov. (OTR/PRESS) -

Comprendo que, entre unos y otros, estamos abrumando a Mariano Rajoy con exigencias: que si debe anunciar ya el nombre de sus ministros económicos, que si ha de ir a ver cuanto antes a la 'jefa' Merkel, que si debe salir con Zapatero al balcón de La Moncloa para tranquilizar a los insaciables tiburones ocultos bajo el alias de 'mercados'... Yo, la verdad, soy algo más modesto: creo que Mariano Rajoy no puede seguir refugiándose en el silencio sacrosanto de su despacho en la calle Génova -le quedan pocos días de permanencia ahí- y tiene que salir a inaugurar una nueva etapa de relaciones con los medios de comunicación. O sea, que debe dar ya una rueda de prensa -con preguntas sin límite, claro está-, anunciar lo que pueda, deba y quiera anunciar, que siempre hay maneras de escabullir las preguntas demasiado 'concretas', y considerar que los periodistas son unos intermediarios imprescindibles con la opinión pública, con la sociedad, con los españoles.

Ya he dicho en muchas ocasiones que tengo aprecio personal por muchas de las cualidades de Rajoy, especialmente por su cautela, por su honradez y por su independencia. Creo que estas tres virtudes contrapesan con ventaja otros defectos que también le conocemos. Pero nada debe exacerbarse, porque lo exagerado se torna de blanco a negro y puede tener un efecto boomerang que le dé en la cabeza al hombre que en exactamente un mes estará presidiendo su primer Consejo de Ministros. Así, la cautela no puede convertirse en temor; la honradez no puede devenir en obsesión por no decir exactamente lo que se va a hacer cuando no se sabe qué es lo que ha de hacerse; y la independencia no debe interpretarse como un espléndido aislamiento, que de todo y todos nos aleja.

Mi aprecio, que no entusiasmo, por el señor Rajoy no puede extenderse, desde luego, a su comportamiento con los medios de comunicación. No es precisamente el ya presidente del Gobierno 'in pectore' un entusiasta de las comparecencias ante los medios, y menos aún de las ruedas de prensa o de los anuncios que hacen titulares. No; su perfil, en este sentido, es más bien romo, lo que, admitámoslo, le ha dado bastante buenos resultados hasta ahora. Hasta ahora. Pero las cosas son radicalmente distintas hoy con respecto a lo que eran a mediodía del pasado 20 de noviembre, cuatro días atrás. Entonces, Mariano Rajoy podía, aunque fuese a duras penas, refugiarse en la prudencia del candidato.

Hoy, la sociedad tiene derecho a exigir al hombre a quien ha votado que se defina más explícitamente. Ya digo que no se trata de abrumarle, ni de imponerle esos tiempos periodísticos que tantas veces son precipitados: es, simplemente, que Rajoy no puede seguir manteniendo esa figura del Silencioso de Génova que tanto le gusta, dejando que los temas se pudran antes de que él acuda a certificar, gloriosamente, su podredumbre. Ahora, cuando incluso el presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, le ha robado protagonismo apresurándose, con los votos en la mano, a anunciar los drásticos recortes que, sin duda, acabarán imponiéndose también a escala nacional, es diferente: tengo para mí que los socialistas perdieron, sobre todo, por haber instalado la inseguridad jurídica y anímica en los españoles. Si pedimos a Rajoy que no nos falle no es para que nos libre del sudor y las lágrimas que parece que nos esperan: es para que no prolongue ni un minuto más la incertidumbre, que es lo que más destruye la moral de la persona.

OTR Press

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