Fernando Jáuregui.- Yes, we can, pese a todo

Publicado 11/01/2014 12:00:13CET
Actualizado 11/01/2014 12:00:03 CET

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Fernando Jáuregui.- Yes, we can, pese a todo

MADRID, 11 Ene. (OTR/PRESS) -

Entiendo que la verdadera dimensión de la crisis moral que padece España viene dada por la reciente encuesta de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, que señala que el ochenta por ciento de los jóvenes españoles está convencido de que tendrá que depender económicamente de su familia, al menos en un futuro próximo.

El pesimismo que muestra la encuesta es aún peor del que conocemos a través de la experiencia directa con muchos de nuestros hijos; no hay 'brotes verdes' para ellos, y el optimismo cauto que muestra Rajoy en sus vaticinios para este año no resultan compartidos por más del ochenta y dos por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años encuestados. Ni siquiera en una perspectiva a tres años se muestran más animados: seis de cada diez ven muy improbable encontrar un trabajo que les guste.

Es urgente ponerse a meditar. Es urgente poner en marcha planes para dinamizar a esta parte importantísima de la sociedad, que no puede sentirse marginada de cara a la mítica fecha de 2020, que es cuando tantos organismos internacionales han colocado el gran hito del cambio. Y cuando esos hombres y mujeres de entre veinticuatro y treinta años tendrán que empezar a tomar las riendas de la sociedad.

Nuestros jóvenes no pueden acostumbrarse a la idea de que vivirán de sus padres hasta pasados los treinta años, porque es injusto para ellos y para sus padres, y porque es poco rentable social y económicamente para el conjunto del país. Por eso hay que insistir, entiendo, en la necesidad de esa revolución mental 'emprendedora': apenas existen ya posibilidades de acceder a los viejos, buenos, contratos fijos y permanentes. Claro que es una lástima. Pero, por ello, es preciso fomentar la idea del trabajo autónomo, facilitar las iniciativas emprendedoras, relativizar la importancia del fracaso cuando emprender no sale bien a la primera... En fin, poner en valor las recetas clásicas, pero nunca bien aplicadas.

Hace meses que recorro las universidades españolas difundiendo este mensaje: "yes, we can". Es un mensaje copiado, ya lo sé, de la campaña de Obama, quien, a su vez, lo adaptó del célebre verso de Virgilio: "pueden porque creen que pueden". Que es lo mismo que el viejo dicho anglosajón "lo hice porque nadie me había advertido de que era imposible". Sí, podemos, sí es posible emprender y poner en marcha los propios sueños. Lo único que falta es que de ello se convenzan las patronales, los sindicatos, los gobiernos a todos los niveles y... la propia sociedad civil: quien tiene hijos desempleados -y no es, ay, infrecuente esta situación- sabe bien que ellos prefieren un 'part job' a un 'no job'.

Ya sé, ya sé que la calidad del puesto de trabajo decae, que el empleo se precariza, como dicen los sindicatos, sin duda con razón, pero sin ofrecer alternativas a una realidad insoslayable. Porque ocurre que la vuelta atrás, aquí y ahora, me parece imposible y, si no empezamos a mover fichas, la situación de absoluto desánimo que denuncia la encuesta de la FAD se hará crónica, con todos los riesgos que ello implica.

Soy de los que saben que, en efecto, nos hemos esforzado por tener las dos o tres generaciones mejor preparadas de la Historia de España, lo cual tampoco es decir mucho. Y lo hemos logrado. Permitir que los jóvenes que acaban sus estudios y no encuentran una ocupación durante mucho tiempo caigan en la lógica desesperación de sentirse, con todo lo que se han esforzado por estudiar y aprender, inútiles, que sus vidas están vacías, supone un enorme riesgo social. Creo que hay que decirles la verdad: se puede cambiar el mundo. Pero son ellos quienes lo tienen que cambiar, sí es posible contando con nuestra ayuda. Y claro que se puede, con sacrificio, dar el giro emprendedor. Yes, we can. Que se vayan enterando las encuestas agoreras.

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