La semana política que empieza.- Adiós, Legislatura, adiós.

Actualizado 19/10/2015 12:00:46 CET

MADRID, 19 Oct. (OTR/PRESS) -

Esta será la última semana de funcionamiento normal del Parlamento. Con los controvertidos Presupuestos listos para ser aprobados, en pocos días comienza la cuenta atrás para las elecciones del 20 de diciembre, una vez que Mariano Rajoy las convoque oficialmente. Ha concluido, pues, una Legislatura que me atrevería a afirmar que no ha sido, ni mucho menos, la peor que hayamos conocido quienes tenemos memoria de ello. Pero se ha perdido la oportunidad de poner en marcha reformas que no admiten dilación, a base de negar la necesidad de los cambios, y se ha dejado marchar viva la ocasión de haber normalizado las relaciones con la Generalitat de Catalunya que, cierto es, la 'era Zapatero', con Maragall primero y con Montilla después, tanto contribuyó a estropear.

Así, llegamos al final de esta Legislatura sabiendo que la próxima, en la que nadie podrá contar con mayoría absoluta ni en la Cámara Baja ni en la Alta, será la de las grandes reformas, comenzando, claro, por la Constitución. Le guste o no a Rajoy, que en sus mítines preelectorales sigue insistiendo en todo lo que ha hecho bien, en que él es el factor de estabilidad en un país inestable, y olvida todo lo que aún queda por hacer.

Y así, le advierten sus próximos, no se ganan elecciones. Ni así, ni con el partido hecho unos zorros --aunque se convoquen actos en cigarrales toledanos para desmentirlo--, ni con la falta de coordinación que se advierte en el Gobierno, ni dando entrevistas como siempre --o sea, contadas con los dedos de una mano-- a los de siempre para decir lo de siempre. Y acompañado por los de siempre, con muy ligeras variaciones.

A Rajoy los 'cartoonists' le presentan como una figura algo patética, y eso es casi tan malo como que las encuestas te concedan un grado de popularidad menor que el de Raúl Romeva, pongamos por caso, quizá exagerando un pelo, pero solo un pelo. Y el caso es que todos los 'populares', digan lo que digan, creen que su partido, el PP, ganará las elecciones. Y no gobernará, porque los socios más apetecibles, es decir, Ciudadanos, se van a ir con el socialista Pedro Sánchez, a quien hasta se le está poniendo cara de primer ministro, entre italiano y griego.

Ahora, claro, falta conocer el programa de actuación del PSOE para esta próxima Legislatura reformista: ¿cómo se arregla lo de Cataluña? ¿Cómo esa federalización que nadie comprende y muchos piensan imposible? ¿Qué tal una mejor distribución de la riqueza y del empleo, y de la sanidad, y de la educación? Y de la regeneración democrática, ¿qué?: ¿limitación de mandatos, desbloqueo de las listas electorales --se hubiese evitado el berrinche de la designación a 'dedazo' de Irene Lozano, un paso dado por Sánchez que no hay quien se lo explique--, reforma de partidos y sindicatos?

Ya que Mariano Rajoy no parece querer entrar en ninguna de esas cosas --puede que esto cambie en el PP, pero no lleva ese camino--, pues tendrán que ser los otros aspirantes a La Moncloa los que elaboren la nómina regeneracionista. Eso es lo que muchos esperamos de los dirigentes partidarios, una vez que ha acabado la rebatiña de las candidaturas.

Me dicen que el baile de promesas reformistas va a comenzar de inmediato tanto en el PSOE como en Ciudadanos y Podemos, y que muchas manos se van a tender, desde la oposición, hacia Cataluña. Creo que la campaña va a ser apasionante, porque ellos van a poner pasión en sus recorridos por el país. Lástima que Rajoy, aparte de desmentir rumores de que tenga ocasionales tentaciones de tirar la toalla, permanezca inmune a esta pulsión por el cambio, esperando que el agradecimiento por las cosas (indudablemente) bien hechas, que esa sensación de los ciudadanos de estar mejor que hace cuatro años, le baste para ser reelegido. Qué error, qué inmenso error.

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