Francisco Muro de Iscar.- Exhibicionismo, solidaridad y Justicia

Publicado 14/06/2018 8:00:37CET

MADRID, 14 Jun. (OTR/PRESS) -

La política de gestos es casi siempre la antesala de la política de los hechos y la decisión del Gobierno de acoger a los desahuciados del Aquarius es un gesto inteligente y noble. La carrera de las comunidades autónomas y ayuntamientos para acoger a estos 629 migrantes, también lo es. La atención a los que huyen de la guerra, de la persecución, de la violencia, incluso de la miseria, no es una cuestión de solidaridad, sino de justicia. Pero esas posiciones encierran bastante de oportunismo, un cierto exhibicionismo y una amplia ración de demagogia. Sin contar los que mueren en el Mediterráneo -87 en el primer semestre, con los Estados europeos persiguiendo a quienes alertan de su situación o tratan de salvarlos-, cada día llegan a España, a nuestras costas del sur, 60 personas en pateras para pedir asilo o refugio en nuestro país. Menos de los que llegan a Italia, a Malta o a Grecia, pero muchos. Sólo en la semana del 4 al 10 de junio 650 personas -557 en el fin de semana, según el Ministerio del Interior-. Más de los que viajan en el Aquarius. El Gobierno ha dicho que va a conceder inmediatamente el estatus de refugiados a los 629 del Aquarius, lo que es otro gesto hermoso, aunque discutible. Organizaciones, como CEAR, ACNUR, Cruz Roja y muchas más, que vigilan el tránsito, acogen a la llegada y cuidan a las personas migrantes durante su estancia en nuestro territorio, denuncian que el sistema de acogida no está preparado para la improvisación porque España dispone de 8.500 plazas -y otras 2.200 provisionales- y están todas ocupadas. Y hay más de 1.000 personas que están esperando en nuestro suelo, en nuestra casa, un lugar donde ser acogidos. Y para todos ellos ni el Gobierno ni las autonomías ni los ayuntamientos han montado un plan especial ni tienen una consideración especial.

Cada día se detiene y devuelve a decenas de personas en las fronteras españolas, especialmente en Ceuta y Melilla, sin que tampoco nadie diga nada. La llegada de migrantes en pateras a las costas españoles está creciendo -y crecerá más a partir de ahora por el buen tiempo y por la decisión del Gobierno- sin que se disponga de los medios judiciales y personales para garantizar una asistencia digna y evitar posibles vulneraciones en la protección de los derechos humanos de estas personas entre las que hay víctimas de trata y menores no acompañados. Si el Gobierno que ha dado acogida al Aquarius quiere ser creíble, también debe poner los medios que faltan en esos lugares para que los que llegan tengan el mismo trato y los mismos derechos que los del Aquarius. Un trato digno y humanitario.

La solución momentánea es la acogida. Pero la única real, con futuro, sin demagogias ni oportunismos, es una política europea común que actúe con planes de desarrollo en los países origen de las migraciones, que acoja ordenadamente y de forma solidaria los flujos migratorios, que disponga de políticas orientadas a la integración y que practique una política humanitaria que sea fiel a la esencia misma de la Unión Europea. La suerte de las personas, vengan de donde vengan, no puede estar ligada a la oportunidad ni al oportunismo sino a la justicia.