Publicado 19/01/2026 08:01

Francisco Muro de Iscar.- En Irán, la vida no vale nada

MADRID 18 Ene (OTR/PRESS)

"La vida no vale nada si escucho un grito mortal y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga". Pablo Milanés, aunque yo lo prefiero en la voz rota y firme de Mercedes Sosa. Hoy, la vida no vale nada cuando los gobernantes asesinan y encarcelan a los que protestan, a los disidentes. La vida no vale nada cuando los gobernantes se saltan las leyes y deciden la suerte de un país por y para su exclusivo beneficio. La vida no vale nada cuando siguen gobernando los mismos y se desprecia a las víctimas. La vida no vale nada cuando se pisotean los derechos humanos. La vida no vale nada cuando "el príncipe" ordena invadir un país y mantiene una guerra injusta durante cuatro años que condena a millones de personas al exilio y deja miles de muertos y una destrucción brutal. La vida no vale nada cuando millones de personas mueren de hambre mientras sobran alimentos en el mundo. La vida no vale nada cuando la pobreza crece en el tercer y cuarto mundo, pero también en el primero. La vida no vale nada cuando los que mandan se saltan las leyes todas las líneas rojas del derecho nacional o internacional. La vida no vale nada cuando las instituciones que deberían garantizar la paz son depreciadas por quienes deberían defenderlas pero tienen derecho a veto. La vida no vale nada cuando la mentira se adueña de la política. La vida no vale nada cuando se escucha un grito mortal y sólo se actúa si interesa a "la causa". La vida no vale nada cuando hay víctimas de primera por las que manifestarse en todo el mundo -por ejemplo en Gaza, donde sigue vivo el problema aunque hayan callado las voces- y de segunda como en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Siria, Libia, Afganistán, Sudán, Yemen, República Centroafricana... o Irán.

Es terrible que Irán se haya convertido en una carnicería, en un escenario de cacería humana y represión brutal con miles de muertos y decenas de miles de encarcelados y el mundo, la ONU, la Unión Europea y los ciudadanos que se manifestaron contra el genocidio en Gaza estén mirando para otro lado. No esperen ustedes ni una manifestación de protesta contra los ayatolás que encarcelan y torturan a las mujeres que no se quieren poner el velo, que condenan a latigazos al que protesta o incumple las normas opresoras, que ahorcan, tras juicios falsos, a activistas, periodistas y defensores de los derechos humanos, que mandan disparar a sus tropas contra los ciudadanos que solo piden libertad. Los nombres de Nasrin Sotoudeh, Narges Mohammadi o Shirin Ebadi, ambas Premio Nobel de la Paz, Masha Amini, asesinada por la Policía del régimen por no llevar el velo o la poetisa Mahvash Savet, cuyos "versos enjaulados" (Edit. Pretextos) tuvieron que salir a escondidas de la cárcel después de que un juez le dijera que prefería ejecutarla en lugar en encarcelarla, pero que "no tenía pruebas", son unos pocos entre las miles de mujeres que protestan y se manifiestan en la calle de todo Irán. Para ellas, la vida no vale nada y por eso se la juegan cada día al grito de "Mujer, Vida, Libertad". Encabezan todas las protestas sin el menor respaldo exterior a favor de estas mujeres que en Irán son ciudadanas de segunda, sin que se alce la voz de tantas feministas de salón de tanto vocero anti Israel, sin las voces de ningún político progresista, sin ninguna manifestación ante la Embajada de Irán en España contra los ayatolás que financian, apoyan, impulsan y sostienen a movimientos terroristas y populistas en distintos lugares del mundo. Y que tratan de acabar con la disidencia con disparos, torturas y cárcel.

"La vida no vale nada", otra vez Pablo Milanés y Mercedes Sosa, "si ignoro que el asesino cogió por otro camino y prepara otra celada". Los asesinos siguen vivos. Las víctimas, olvidadas. Durante años y años. Es un silencio atronador.

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