Isaías Lafuente.- ¿Qué no habla de qué?

Actualizado 27/02/2009 1:00:33 CET
Actualizado 27/02/2009 1:00:33 CET

Isaías Lafuente.- ¿Qué no habla de qué?

MADRID, 27 Feb. (OTR/PRESS) -

Acabo de escuchar al portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, eludir la pregunta de un periodista sobre las presuntas tramas de corrupción con un contundente: "La Iglesia no habla de temas políticos". No los tengo muy frescos, pero creo recordar que el séptimo y el décimo mandamientos proscriben el robo y la codicia de bienes ajenos, lo que podría haber alimentado una respuesta general del portavoz episcopal sobre los asuntos que se investigan. Sin embargo, ha optado por armar una afirmación que sólo desde una preocupante desmemoria se puede entender, salvo que Camino haya decidido vulnerar el octavo mandamiento y mentir descaradamente.

Porque cualquier ciudadano avisado que no se haya exiliado en el último lustro sabe perfectamente que la jerarquía de la Iglesia ha hablado y mucho de temas políticos. El propio Camino, en una declaración memorable, arremetió contra las ayudas universales a la natalidad y pretendió que sólo se hicieran efectivas para aquellos niños que vinieran al mundo en el seno de un matrimonio entre hombre y mujer, excluyendo a las madres solteras. Tampoco son fáciles de olvidar las sucesivas manifestaciones apoyadas o encabezadas por los obispos en contra de las leyes más variadas, desde la que regula el matrimonio homosexual hasta la que aprobó la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y para la historia quedarán las arremetidas del cardenal García Gasco cuando anunció que algunas leyes conducían a la "disolución de la democracia" en nuestro país, o las del cardenal Antonio Cañizares contra las normas "injustas e inicuas" que constituyen "graves amenazas" para los cimientos de la familia. Tesis que remató la Conferencia Episcopal en pleno en las vísperas de las anteriores elecciones generales en una nota en la que solicitaba que fueran cambiadas leyes "gravísimamente injustas por lesionar derechos fundamentales" y pedía abiertamente el voto sólo para los partidos que defendieran el matrimonio entre hombre y mujer, que ya es hilar fino.

Así que, si la Iglesia reclama respeto para su doctrina y para sus normas morales no es demasiado pedir una vez más reciprocidad en el respeto a las instituciones y a las leyes democráticas. Y, por lo menos, respeto hacia la inteligencia y la memoria ciudadana.