José Cavero.- La campaña más extraña

Actualizado 07/06/2009 14:00:40 CET

MADRID, 7 Jun. (OTR/PRESS) -

Dentro de unas pocas horas tendremos oportunidad de comprobar los resultados de la que ha sido calificada como la campaña más dura, la más sucia, la más frívola, la peor campaña, la más inadecuada de las campañas que se conocen en la historia de la democracia española, y parecidas cosas. ¿Tan nefasta ha sido?

Es seguro que no ha servido para lo que se supone que debe servir una campaña: exponer las virtudes de lo que "se vende", tanto el Parlamento Europeo como los aspirantes a ocuparlo en los próximos cinco años, empezando por la valoración que cabe hacer a los que desempeñaron esa misma función en las legislaturas anteriores: no es improbable que vuelvan a estar en las listas de candidatos personajes que ya demostraron abundantemente su ineptitud y su nula capacidad de cumplir con los mínimos requisitos para ejercer su condición de eurodiputado: conocer las materias por las que se supone que debe combatir, y dedicarle el mínimo esfuerzo que una tarea como ésa requiere, en cualquier parlamento del mundo.

Algo se ha dicho sobre los niveles de incompetencia demostrado por eurodiputados que ni siquiera acudían a las sesiones de trabajo, pero cuyos partidos insisten en presentarlos para un nuevo mandato, incluso como "lo más adecuados y ejemplos vivos"... También es cierto que el parlamento europeo y sus asuntos apenas han merecido atención en los mítines: No hemos hablado de la Europa que queremos, sino de las dificultades que está mostrando la crisis económica y las soluciones adoptadas contra este ciclo negativo, o contra los hábitos y decisiones del Gobierno.

No hay duda de que el PP se ha esforzado en erosionar al Gobierno y situarse, en lo posible, en situación de sucederle cuanto antes. Es realidad, es el estribillo que Rajoy interpreta desde hace cinco años, cuando empezó a proclamar que Zapatero era un personaje sin suficientes dotes políticas, y que sus gobiernos conducían al país, sin remedio, al caos y a la ruina. Lo lleva diciendo todo un lustro, pero no termina de convencer a los españoles de que, pese a lo que repite una y otra vez, él está mucho más preparado y podría resolver los problemas con muchísima mayor eficacia.

Más bien, a los españoles ha trascendido la idea de que el PP de Rajoy se esfuerza por quedarse al margen de la crisis, no mancharse siquiera en sus soluciones, y esperar a que llegue a tener un coste insoportable para los gobernantes y los gobernados. La teoría de "la fruta madura", que cae del árbol por su propio grado de maduración natural...

Por lo demás, ha resultado evidente que ha ido creciendo la dureza de las campañas del PP y del PSOE. Hemos vivido un proceso de acción y reacción: si Rajoy ataca la presunta incompetencia de su adversario, Zapatero responde y procura ir un poco más allá. Llevan media docena de años en esa actuación de absoluta falta de respeto al contrario, y de firme creencia de que cuanta mayor contundencia se emplee, más posibilidades hay de convencer al elector.

Hasta donde soporte la sensatez mínima de los titulares de los medios informativos. Esta vez posiblemente se han apurado esos tonos en la misma proporción que es grande el temor a una participación bajísima que les perjudicaría a ambos por igual. Esta vez, el ciudadano determinará su preferencia por la oferta: quien proclama incansable e insistentemente que todo es un desastre y él lo haría mucho mejor, o quien sostiene que se hace lo posible y empieza a haber resultados que festejar.

JOSÉ CAVERO