MADRID 2 Ago. (OTR/PRESS) -
Con pocos presos de la banda ETA se han producido tan elevado número de episodios e incidentes como con José Ignacio De Juana Chaos, que finalmente este sábado saldrá de prisión tras haber cumplido dieciocho años de prisión, de los tres mil a los que fue condenado por su participación en el asesinato de 25 personas. Ningún otro caso ha merecido, asimismo, el número de consideraciones de toda naturaleza que viene mereciendo en los últimos años este individuo, desde el momento en que empezó a vislumbrarse su salida en libertad, beneficiado por sucesivas y no siempre explicables reducciones de condena.
Con toda probabilidad, han sido muchas docenas los presos de ETA que se han beneficiado de las mismas reducciones y de os mismos beneficios penitenciarios, pero fue en otro tiempo, y nunca se hizo de un preso una bandera tan visible y significativa. En De Juana Chaos se produjo un elemento que espoleó y excitó muchos ánimos: los de todos cuantos pensaron que la estrategia de Zapatero de negociar con ETA el final dialogado de la banda era indefendible desde cualquier punto de vista, y que era preciso boicotearlo del modo que fuera.
Lo intentó la derecha y extrema derecha del país, y finalmente, fue la propia banda y sus comandos ,más radicales los que pudieron fin a cualquier posibilidad de entendimiento con la bomba que destrozó la entonces flamante Terminal 4 de Barajas, dejando entre sus resto a dos inmigrantes que habían preferido esperar el vuelo de sus amigos en el coche, en el aparcamiento. Incluso después de aquella estruendosa negativa de ETA al final dialogado, el Gobierno intentó reactivar o reanudar las conversaciones, pero todo fue en vano. Los comandos de la banda ya habían distribuido tareas y se disponían a volver a su oficio de siempre, el de mayor todo lo posible, el de hacer el mayor daño posible.
En esa coyuntura también De Juana tuvo sus propios padecimientos. De ser un elemento favorable a la pacificación, pasó a ser un chivo expiatorio en quien se hacía preciso revisar todas las políticas de reinserción y todas las medidas de beneficio a los presos de ETA. Y de ese modo, vio revisada su condena y actualizada al momento de dureza que se reclamaba para quienes habían tenido la posibilidad de terminar de una vez con sus asesinatos de cuarenta años. Fue revisada su pena, y se incrementó dos años más por un artículo de prensa en el que se apreció que vertía amenazas contra otros ciudadanos en libertad.
Todavía, incluso, en las últimas semanas, se descubrió que la vivienda que había sido de su madre, y que había heredado su hermana, le había sido vendida a la esposa de él, en una maniobra que bien pudiera ser considerada de ocultación de bienes para no tener que afrontar con su coste la indemnización a los familiares de sus víctimas. De Juana Chaos se ha declarado insolvente para no tener que abonar esas copiosas indemnizaciones. Más aún, se descubrió que, desde esa vivienda, y en su nueva condición de ciudadano libre, iba a ser vecino de unos cuantos familiares de las víctimas que él colaboró a matar. Por todo lo cual, volvió a manifestarse la indignación y la vergüenza de las víctimas de ETA. De Juana, en efecto, recuperará en unas horas su libertad bajo la indignación de las miles de víctimas de ETA que verán como el etarra convivirá en la misma calle con varias de ellas, que tendrán que cruzarse con él prácticamente cada día... El caso no ha llegado aún a su final definitivo.
José Cavero.