MADRID 23 Oct. (OTR/PRESS) -
Confieso que me produce curiosidad qué va a ser del futuro de Ciudadanos, el partido que lidera Albert Rivera. Desde luego han sido valientes decidiendo salir del ámbito catalán y dar el salto para presentarse en toda España.
Lo que es evidente es que en estos momentos los dos grandes partidos, PP y PSOE, vienen sembrando más decepciones que esperanzas. El PP porque con su manera de gestionar la crisis ha recortado de manera implacable el Estado del Bienestar. El PSOE porque su pasado reciente gobernando nuestro país ha estado repleto de muchas sombras y pocas luces. Ahí tenemos el problema de Cataluña, que se lo debemos en gran medida a los errores del expresidente Zapatero.
Por eso no es extraño que las encuestas indiquen que a la hora de votar muchos ciudadanos se empiezan a inclinar por confiar en UPyD, el partido de Rosa Díez, o por Izquierda Unida, y ahora que Ciudadanos quiere jugar en la política nacional, no me extrañaría que pudiera tener un cierto éxito, aunque esto lo digo con toda la cautela.
Desde luego Albert Rivera no es un político al uso. Es un político con convicciones, que habla claro, que dice lo que piensa sin complejos pero al mismo tiempo sin ofender a nadie. Y al no ser un político al uso despierta simpatía.
La pregunta es en qué granero puede encontrar votos Albert Rivera, y me parece a mí que en el mismo que lo hace UPyD, es decir, en filas del PSOE pero también del PP. Y es que hay muchos miles de ciudadanos hartos. Sí, hartos de los dos grandes partidos a los que ven como entes lejanos, ensimismados en sus propios conflictos y contradicciones, con un elenco de dirigentes con discursos manidos y sin ser capaces de generar esperanza.
Ya digo que es difícil hacer cabalas sobre lo que pasará en su día en las urnas, pero me parece a mí que la sociedad española está cambiando, está requiriendo otras respuesta de los partidos.
Ya verán como muy pronto desde las filas del PP y del PSOE se empezaran a lanzar dardos envenenados contra Albert Rivera y Ciudadanos. Más le vale a Rivera estar preparado. Salir de Cataluña para hacer política en el resto de España le va a acarrear adversarios poderosos. Unos le acusaran de ser muy de derechas, otros de oportunista, los de más allá de ansias de protagonista, en fin, le dirán de todo. Al tiempo.