Actualizado 24/02/2007 01:00 CET

Lorenzo Bernaldo de Quirós.- Las sanciones de Irán

MADRID, 24 Feb. (OTR/PRESS) -

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó un paquete de sanciones a Irán si este país mantiene su programa nuclear. La Unión Europea parece dispuesta a endurecer las penalizaciones planteadas por la ONU para doblegar a las autoridades iraníes. Sin duda, la proliferación nuclear es un problema pero la experiencia demuestra que las políticas sancionadoras nunca han servido para conseguir sus objetivo, esto es, cambiar la estrategia de los estados sancionados. Por desgracia, esta situación se reproducirá casi con toda seguridad en el caso iraní. El régimen de Teherán no va a cejar en sus intentos de nuclearizar el país y, de facto, cuenta con aliados para salir del paso. Rusia y, sobre todo China, van a aprovechar la coyuntura para extender sus intereses estratégicos y económicos en la antigua Persia.

De entrada, el programa nuclear iraní goza de consenso nacional. Es una de las pocas cuestiones en las que el régimen de los "mullahs" y la oposición coinciden. Se trata de un proyecto en el que el sentimiento de orgullo nacional prima sobre las diferencias internas. Aunque hubiese un cambio político en Irán, extremo bastante improbable, aunque se instaurase un sistema democrático, es casi seguro que el proyecto siguiese adelante. Quizá un embargo petrolífero sí ayudaría a que el gobierno iraní cediese pero el coste sería enorme. El precio del crudo se dispararía con un impacto demoledor sobre las economías desarrolladas. Es más, China e India que son las principales causantes de la fuerte demanda de oro negro en el mercado mundial no renunciarían al petróleo iraní porque su crecimiento se vería seriamente dañado.

Por añadidura, el vacío de inversiones occidentales en Irán sería aprovechado por los chinos y por los rusos para ocupar el lugar de las empresas occidentales en el país. Si, finalmente, Repsol y Shell renuncian a estar en el país, las petroleras chinas serán quienes inviertan y, en consecuencia, la producción petrolífera de Irán caerá en manos cuyos intereses son divergentes de los occidentales. Desde esta perspectiva, las sanciones son ineficaces desde el punto de vista político y absurdas desde el económico. Los iraníes no van a desmantelar sus instalaciones nucleares y, en el interregno, las compañías occidentales se quedarán fuera de un mercado con un alto valor económico y estratégico; pésimo negocio.

Lorenzo Bernaldo de Quirós.

OTR Press

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