Actualizado 08/05/2007 02:00 CET

Luis Del Val.- Alta velocidad, bajas eficacias

MADRID, 8 May. (EUROPA PRESS) - Me he puesto muy contento cuando me he enterado que el AVE a Tarragona va a ir a 300 Km/h, porque eso significa que tardaré en ir a Zaragoza una hora y cuarto. Pero, enseguida, me ha entrado una punzada de melancolía, porque seguiré estando de quince a veinte minutos en la estación de Delicias, esperando un taxi. Casi preferiría que el tren tardara una hora y media y esperar sólo cinco minutos bajo la inhóspita marquesina de la estación. Lo malo de la alta velocidad, en cualquier aspecto de la vida española, es que suele ir acompañada de eficacias bajitas.

Hace poco, en pleno mes de abril, que según dicen ha sido el más caluroso del siglo, me pilló una nevada en Sallent de Gallego que me obligó a poner las cadenas. Mejor dicho, mi yerno y un amigo pusieron las cadenas, porque siempre que estoy en la nieve me entra vocación de Santa Claus, y ya se sabe que el trineo que vuela por el aire tirado por los renos no necesita cadenas. El caso es que me fijé en que el procedimiento es idéntico al de hace treinta años. Hace treinta años no existían las computadoras, ni la telefonía móvil, pero existían las cadenas. Bueno, ahora, en el automóvil puedes llevar un sistema GPS de navegación avanzada, pero nadie ha inventado un mecanismo menos primitivo y grosero para colocar las cadenas en las ruedas de los automóviles.

Dentro de poco, en la Expo 2008, decenas de miles de viajeros podrán comprobar lo rápido que se viaja desde Barcelona o Madrid a Zaragoza y, a la vez, que salir de la estación zaragozana es bastante más lento que en el siglo pasado. Aquí, lo difícil lo hacemos enseguida, pero las cuestiones que en apariencias son más sencillas necesitan mucho tiempo. Sevilla tiene 40.000 habitantes más que Zaragoza y, también, 500 taxis más. Bueno, pues el problema no creo que se resuelva antes del 2008. A la alta velocidad siempre se le opone la baja eficacia.

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