Luis del Val.- Bula para arquitectos.

Actualizado 17/10/2009 14:00:51 CET

MADRID, 17 Oct. (OTR/PRESS) -

El cambio climático, poco a poco, ya no se considera la teoría de un grupo extravagante de ecologistas, sino que está sobre la mesa de los despachos de los líderes mundiales. Otra cosa es la capacidad de maniobra de los líderes para tomar medidas que no perjudiquen sus interés políticos o económicos, pero nadie niega la mayor, e incluso de puertas afuera, desde el fabricante de automóviles hasta el político más conservador, se amagan, se anuncian o se está de acuerdo con medidas que supongan un ahorro de energía y vayan contra el despilfarro. Todos, menos los arquitectos. La mayoría de ellos diseñan y construyen edificios que halagan su ego y el de la entidad o particular que se los encarga, pero algunos de ellos parecen un paradigma del gasto energético, o una lección de cómo diseñar un edificio que gaste lo más posible tanto en enfriarse como en calentarse. En cuanto a la arquitectura convencional -a lo mejor es que mi casuística no es representativa- todavía me encuentro con la fragilidad, en cuanto a aislamientos se refiere, de los tambores de persianas sobre las ventanas, el mismo problema del que ya oía hablar hace medio siglo.

Las aplicaciones de la estructura metálica, que presentó Eiffel en la exposición internacional de 1889, permitieron diseñar esas estaciones de ferrocarril que podían albergar los humos de las calderas de carbón sin asfixiar a los viajeros, pero ¿por qué la estación del AVE de Zaragoza, por la que sólo pasan trenes eléctricos, tiene unas dimensiones gracias a las cuales es la más tórrida en verano y la más gélida en invierno? A lo mejor es que algunos arquitectos poseen una especie de bula, impartida por no se sabe quién y desde no se sabe cuándo, que les permite diseñar y construir como seres auténticamente independientes de todo, incluido el cambio climático.