MADRID 31 Mar. (OTR/PRESS) -
A los partidos políticos les sucede lo mismo que a las personas, y tienen ataques de celos, optimismos irracionales, e incluso tendencias a la depresión, que necesitarían el auxilio imposible de un psiquiatra. La insistencia del PNV en llevarse el cuadro de Picasso a tierras vascas forma parte de esas extrañas actuaciones que sólo podrían explicarse por un brote de masoquismo, o de venganza, ya que nos va a obligar a recordar el tortuoso papel de PNV durante la Guerra Civil.
Ante el alzamiento del general Franco, el PNV estuvo jugando si unirse a la República, que asesinaba a los contrincantes políticos -y falsificaba con pucherazos las elecciones- o luchar en el bando que le correspondía, al ser el PNV católico y de derechas, aunque ya sabían que, con un militar, pedirle la independencia iba a ser tan inútil como pedirle castidad a una puta con fuerte vocación.
Al final, pesó más la obsesión secesionista que la coherencia ideológica, y se unieron a la República. Pero claro, la mezcla con el Frente Popular -ateo, libertario y comunista- iba a provocar fuertes incomodidades. Quiso la República que los batallones fueran mixtos, pero el PNV prefirió la separación, lo que supuso, cuando estaban fuera del País Vasco, preguntarse qué puñetas hacían unos separatistas luchando por España.
Hace unos treinta años, murió en Méjico Juan Ruiz Olazarán, socialista sin sospechas, presidente de la Diputación de Santander, huido de un campo de concentración y persona que arriesgó su vida contra Franco. Y escribió: "Con el abandono de las defensas encomendadas a los batallones vascos en territorios montañeses, que si hubiesen cumplido como era su deber, sin duda el avance italiano primero y falangista después, se hubiese retrasado el tiempo necesario y posible para dar tiempo a Santander a reorganizar su evacuación a Asturias, evitando ciertamente el desorden causado por las tropas montañesas".
Detrás está el vegonzoso pacto de Santoña, en el que el PNV traicionó a la República. Antes, miles y miles de requetés, vascos y navarros, se habían unido a Franco. Y miles y miles de peneuvistas a la República... con desconfianza. Los fusilados por uno y otro bando, en el País Vasco, se acercan a 2.000, repartidos casi al 50%. Ahora, el PNV, con el Guernica, tendrá la satisfacción de que recordemos sus dudas y traiciones.