Publicado 20/01/2023 08:00

Luis del Val.- Petanca conmovedora

MADRID, 20 Ene. (OTR/PRESS) -

Confieso que la imagen del presidente del Gobierno, jugando a la petanca con unos aparentes jubilados, me ha conmovido. Digo aparentes jubilados, porque todos ellos son cargos en el PSOE, pero me parece adecuado, aunque sólo sea por razones de seguridad: no le van a poner a jugar a la petanca con unos militantes de Vox, o, como diría el objetivo departamento de comunicación de Moncloa, "unos rabiosos ultraderechistas de Vox". Hasta ahí podíamos llegar.

Lo que me ha conmovido no ha sido tanto la aparición del Presidente en una partida de petanca -al fin y al cabo se somete a las propuestas del DPPE (Departamento Permanente de Propaganda Electoral)- sino, sobre todo, por esos veteranos luchadores socialistas, algunos con un historial de mérito en el esfuerzo por la libertad y la democracia, terminando de extras en un documental para mayor gloria de Pedro I, El Mentiroso. Los ideales, en no pocas ocasiones, suelen tener finales que no reciben la comprensión de todo el mundo. Por eso mismo, me resulta conmovedor.

Imagino que la partida de petanca formará parte de esa película, a la que yo denomino "Pedro, ese hombre", y que cientos de miles de personas esperamos contemplar para poder ver de cerca la humanidad, la proximidad social, la humildad, la llaneza y la campechanía de nuestro Presidente. Y espero que no falte un perro. Un perro faldero en las rodillas de esos pantalones de planchado riguroso, o un perro de mayores dimensiones, correteando tras la pequeña pelota que le habrá lanzado Pedro, ese hombre, es ineludible en un país donde hay más mascotas que niños.

Asimismo, sería conveniente que, en la película, entre conmovedora partida de petanca y emocionante paseo y carantoña con el perro, se incluyese la inauguración de un embalse. No me atrevo a sugerir un pantano, porque se podría asociar peligrosamente a la película "Franco, ese hombre", pero un embalse podría servir, porque el agua siempre proyecta tranquilidad y sosiego. De momento, esa secuencia de la petanca estimula mis expectativas que, confieso, son muchas. Tantas, que casi me asustan.

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