Actualizado 16/01/2007 01:00 CET

Luis Del Val.- Todos mienten

MADRID, 16 Ene. (OTR/PRESS) -

Cuentan que en tiempos del totalitario Mussolini, un locutor acercó su micrófono a un señor mayor que asistía a una de las inauguraciones espectaculares de esta etapa, y le pidió su opinión. El hombre mayor se encerró en un mutismo desconfiado, lo que incitó al locutor a espolearle con el argumento de que le estaba escuchando toda Italia, porque los locutores son tan exagerados como los políticos. "Toda Italia", remachó el locutor para animarle. "¿Me oyen en toda Italia?", quiso asegurarse el anciano. "En toda Italia", ratificó el locutor. Y, entonces, el señor mayor carraspeó para que su voz saliera clara, y gritó: "¡¡Socorro!!".

Me he acordado de esta anécdota, porque es posible que algún día, en una manifestación, alguien se sincere y pida socorro. Parafraseando el principio de que la guerra es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los militares, podríamos decir que la política es un asunto demasiado trascendente para dejarla en manos de los políticos. Son los que hemos elegido, desde luego, son nuestros representantes -de acuerdo- pero produce pavor la frivolidad, el partidismo, la mezquindad con la que se enarbolan vacuidades y muertos, miedos y corajes, soluciones y problemas. Me encuentro decepcionado por el empecinamiento de Zapatero en dejar la puerta abierta al diálogo, sin guardar siquiera unas semanas de luto, y me decepciona Rajoy, que pretende que el gobierno haga exclusivamente lo que él dice, olvidándose de que no es presidente del gobierno.

En esta partida de cartas, donde unas veces se va de farol y otras se envida con una buena mano, se juega nuestro dinero o, mejor dicho, nuestra vida. La ETA a la que había que creer cuando habló del "alto el fuego permanente" ¿merecerá el mismo crédito cuando diga lo que le prometió el gobierno y no cumplió? Mienten todos. Mejor dicho, sueltan medias verdades, que son las más inicuas de las mentiras, las más denigrantes y las que, a la larga, más decepcionan y desprestigian.

Luis Del Val.

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OTR Press

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