MADRID 12 Ene. (OTR/PRESS) -
Los mandos del PP se regocijan con los problemas que aparecen en la economía y los exageran hasta el infinito, para sacar réditos electorales, sin importarles un bledo los perjuicios que siempre derivan de la siembra de la desconfianza económica. Y ahora mismo se enfurecen (Zaplana) ante la perspectiva de un inminente inicio por el Gobierno del proceso de ilegalización de ANV y el PCTV, cuando llevan largos meses pesadísimos increpando a Zapatero porque no lo hubiera iniciado. Claro, piensan que eso les quita un gran argumento electoral, otro más, y eso lo ponen por encima de todo. Y sufren ostensiblemente ante las excelentísimas relaciones de Zapatero con Sarkozy, como acaba de verse en la cumbre de París, con los históricos acuerdos antiterroristas, porque temen que también eso les perjudique electoralmente. Y aprovechan la polémica de los obispos y el Gobierno soltando ahora Rajoy la bobada del Ministerio de la Familia; será de la familia tradicional, católica, homófoba y ultraconservadora, lo coherente con lo de la plaza de Colón.
Y tratan de disimular los enfrentamientos a muerte dentro del propio PP por culpa de las listas electorales, que permanecen secretas cuando los comicios están a la vuelta de la esquina. Parece que el colmo de tales enfrentamientos está en el viejo asunto de la presencia o no de Ruiz-Gallardón en la lista al Congreso por Madrid, en la que el alcalde estaba empeñado en meterse de número dos, pretensión que ha contado siempre y cuenta ahora con la encarnizada oposición de Esperanza Aguirre, que es la presidenta del PP de Madrid y la que tiene que dar su visto bueno a las listas madrileñas. Como siempre, Rajoy sigue indeciso y sin fuerzas para asentar ahí su autoridad y parece que no se atreverá a corregir desde el comité nacional la decisión del comité madrileño del partido. Y sigue diciendo públicamente que los temas personales de las listas carecen de importancia y que lo que importa es el programa, del que tampoco conocemos nada más que chispazos chuscos cono el del Ministerio de la Familia. Y así hasta el infinito.
Pedro Calvo