Pedro Calvo Hernando.- Cien años no es nada

Publicado 14/11/2018 8:01:19CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) - El centenario del fin de la Primera Guerra Mundial ha llegado en un momnento de un visible resquebrajamientio del orden universal, muy visible desde luego en Europa y bastante escandaloso tras muchos años de recuperación de confianzas. Luego vendrá el centenario del final de la Segunda Gran guerra, con los residuos todavía palpables de la misma, tanto en la organización del planeta como en los residuos geográficos, políticos y económicos de aquella conflagración. Perece increíble, pero dos catástrofes de ese tamaño en un siglo es algo que tiene una muy difícil explicación. Sobre todo porque se trata de los últimos cien años y no tiene sentido que en tan breve espacio de tiempo el mundo haya conocido esas dos grandes catástrofes, mucho peores que todos los conflictos de los siglos anteriores, hasta más allá de la propia Historia.

Hace unos cuantos años parecía que nos habíamos hecho a un cambio generacional e histórico que ya nunca más iba a pasar por encima de nosotros para destruirlo o para alejarnos de los beneficios y bondades de lo que habíamos creído una transformación irreversible. No era eso. Resulta que el engaño se veía venir desde hacía unas cuantas décadas, cuando todavía teníamos la imagen fija de las últimas grandes catástrofes y sobre todo de la pérdida de pulso de la Unión Europea. Habíamos perdido los apoyos sobre los que asentarnos, y regresaban los temores de que se repitieran situaciones que habíamos considerado irrepetibles para siempre. Hablo de las grandes catástrofes de la guerra del 39 al 45 y de las sucedidas en las décadas intermedias.

Muy recientemente han asomado fenómenos como el de Donald Trump, después de la guerra de los Balcanes y de otras conmociones también históricas. Ya nadie ha sido capaz de dominar con sus manos los tiempos que venían ni lo será con los tiempos que van a llegar no sé si tan en breve. El progreso en el orden económico y en el tecnológico tiene mucho de engañoso o por lo menos de falso. Eso nos debería llevar a un período de reflexiones universales que nos facilitarán los caminos de la reconstrucción de la confianza y de la sed de cooperación de todos los países entre sí y de cada uno de ellos por dentro.

En el caso de nuestro país, de España, quiero enfatizar la necesidad de esa doble reconstrucción, algo que nos facilite la recuperación de la confianza y de la fe, tanto a niveles interiores como a niveles de relaciones y de cooperación con el resto del planeta, empezando por nuestra inserción en Europa. En esta suprema problemática tendríamos que introducirnos y sumergirnos, para dejar de trivializar nuestras vidas, para echar una mirada seria al pasado y para atisbar esas miradas al futuro que todavía pueden salvarnos. Y hablo de nuevo sobre la recuperación de todos y cada uno de los países de este mundo nuestro.

Y por lo que a Europa se refiere, creo en la necesidad absoluta de trabajar todos por un cambio de rumbo sin el que dudo de la posibilidad de seguir subsistiendo por muchos años. Personalidades como el Papa Francisco y otras parecidas, pero sobre todo Francisco, tienen que ayudarnos. Y veremos si somos capaces de dejarnos ayudar. En ello nos va la vida de todos y la subsistencia del conglomerado universal. A Dios también le podemos rogar...