Pedro Calvo Hernando.- Determinación frente a inconsistencia

Actualizado 29/11/2008 1:00:44 CET

MADRID, 29 Nov. (OTR/PRESS) -

No se tiene noticia de ningún otro país del mundo donde la oposición boicotee de esta manera la acción del Gobierno en el camino de luchar contra la crisis económica. Aguanté pacientemente las cinco horas y media del pleno parlamentario y la verdad es que no recuerdo más de un minuto en que Mariano Rajoy se ocupara de ayudar al Gobierno en esa empresa. Lo primero que debería sorprender a todo el mundo es que el jefe de la oposición de la derecha llevaba escrita su réplica al discurso de Zapatero y parece que la leyó íntegramente. O es adivino el de Pontevedra o es que el presidente le había enseñado su discurso varios días antes para que pudiera preparar la réplica. Ninguna de las dos cosas me parece verosímil, por lo que tengo que concluir que lo del de Pontevedra es una enorme y colosal tomadura de pelo. Un pleno parlamentario así podría decirse que no sirve para nada, si no fuese por la enjundia de las intervenciones de Zapatero y del resto de los portavoces, si se excluye a Rosa Díez, que habla sólo en nombre de un odio tristísimo que no sé quién le ha inculcado.

Zapatero y los demás oradores, con las dos excepciones mencionadas, se esforzaron, cada uno desde su particular y respetable posicionamiento político, en arrimar el hombro en la empresa nacional de conjurar la grave crisis que atenaza a España y al resto de países entre los que nos movemos. Esto es importante que lo sepan y lo asimilen los españoles.

Estoy convencido de que en la postura del Gobierno habrá errores y meteduras de pata, pero en su voluntad y en la de todos los grupos, con las dos mencionadas excepciones, es evidente que podemos ver arrojo y sensatez, a la par que determinación para facilitar la salida de la crisis, en coordinación con los foros e instituciones internacionales que luchan por lo mismo. Rajoy rozó el ridículo en su final alegato sobre Lukoil y Repsol, tema que allí no interesaba para nada y que además era como mentar la soga en casa del ahorcado. Como advirtió el presidente, a Rajoy le falló hasta la ironía, que otras veces adorna bien su inconsistencia.

OTR Press

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