Al margen.- El giro

Publicado 02/06/2015 12:00:08CET

MADRID, 2 Jun. (OTR/PRESS) -

Pablo Iglesias le exige a Pedro Sánchez "un giro", pero mejor haría pidiéndoselo a Alberto Contador. Chascarrillos aparte, cómo se nota la menesterosidad de nuestra política en un momento en que la más elevada expresión de ella, la capacidad para el diálogo, la negociación y el acuerdo, se antoja indispensable, dada la diversificación del voto y lo mucho que se necesitan los partidos, unos a otros. ¿Cómo puede uno pedirle a su interlocutor, a aquél con el que se pretende establecer un vínculo, un pacto, que deje de ser quien es? La bravuconería de Pablo Iglesias puede funcionar en un mítin de campaña ante afectos y correligionarios, pero no ahora, cuando lo que procede es la elegancia, la cortesía y la mano izquierda. Y ésta, incluso, en guante de seda.

Esa menesterosidad política, ese desconocimiento de los fundamentos y los usos políticos, heredado sin duda del desierto que nos precede, tiene, sin embargo, expresiones peores: esas Aguirre, Barcina o Palacios que, por no saber digerir los resultados electorales, denigran a los vencedores y encienden los peores instintos de los ignorantes contra ellos. Aun siendo muchas las coces que diariamente recibe, impertérrita, la democracia, lo de éstas señoras no cabe en ella, y de ahí esos resultados electorales que las expulsa, como el organismo a un cuerpo extraño, del puente de mando y aun de la nave. Rojos, bolcheviques, yihadistas... Todo parece valer, aunque no vale, en la escena política, que se convertiría, si todo valiera, en tiro al pichón o en lucha sobre el barro.

En España nadie escucha a nadie, pero de quienes se presentan como políticos cabría esperar un poco de pedagogía, mediante el ejemplo, al respecto. Es cierto que nos viene de nuevas eso de escuchar al otro, y que de aquí a las generales hay tiempo para irnos entrenando, pero no lo es menos que sin ese giro empático, que no es exactamente el que Pablo le exige a Pedro, no vamos a ninguna parte.

OTR Press

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