Publicado 19/03/2026 08:01

Rafael Torres.- Abusos

MADRID 19 Mar. (OTR/PRESS) -

Ahora va a resultar que Felipe VI es un rojo, y masón, y sanchista, y publicitador de la Leyenda Negra. La ultraderecha, y no sólo la ultraderecha lamentablemente, está que trina por los comentarios del monarca constitucional en relación a la conquista de México, en los que expresaba no la opinión, sino la obviedad histórica, de que durante ella se cometieron abusos, pero es natural que la ultraderecha se encocore con cosas como ésta, pues hunde sus raíces ideológicas en la minuciosa mixtificación histórica precisamente.

Felipe VI, que no se crió con Franco como su padre y que ha leído bastante más que él, creyó llegado el momento de ir recomponiendo las relaciones entre España y México, fracturadas desde la delirante y ofensiva carta que le dirigió el anterior presidente mexicano, López Obrador, emplazándole a pedir perdón por todo lo habido y por haber, y la ocasión, su visita a una exposición sobre la mujer indígena en el Museo Arqueológico junto al embajador de México, se prestaba, siete años después, a pasar página, esto es, a ir pasando de cartas necias y enfados bobos. En conversación informal con el embajador intercambiaron consideraciones tranquilas sobre el pasado común, y como no hay nada mejor que hablar para que se entienda la gente, de esa charla se entendió lo que se tenía que entender, la voluntad de ambas naciones de reamigarse, y más cuando ambas están siendo amenazadas por otro imperio, uno actual, el mismo a las dos.

Se entiende que a la ultraderecha de El Imperio hacia Dios y de La Unidad de Destino en lo Universal le haya olido ésto a cuerno quemado, pero se entiende menos que Feijóo, presidente de un partido al que se supondría más alejado de ese imaginario, haya dado a entender que las declaraciones de Felipe VI son "un disparate". ¡Hombre! Disparate será, si los cielos no lo remedian, que les reabra las puertas de la gobernación de España en un futuro a los del Imperio, pero decir que nuestra obra colonizadora en América estuvo, como todas las colonizaciones imperialistas, esmaltada de atropellos y abusos, es decir la verdad que, salvo los que no han leído en su vida ni el prospecto de las medicinas o han huído como alma que lleva el Diablo de la funesta manía de pensar, todo el mundo conoce, y deplora.

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