Rafael Torres.- "Al margen".- Patrimonios.

Actualizado 17/10/2009 14:00:48 CET
Actualizado 17/10/2009 14:00:48 CET

Rafael Torres.- "Al margen".- Patrimonios.

MADRID, 17 Oct. (OTR/PRESS) -

Lo que importa no es lo que tengan o dejen de tener los políticos con responsabilidades de gobierno, sino que no roben, y por eso se antoja irrelevante la declaración sobre los bienes patrimoniales de los ministros hecha pública el pasado jueves. Dejando a un lado el hecho de que, salvo Hacienda a efectos fiscales y redistributivos, nadie tiene porqué escrutar las cuentas corrientes, los ahorros y las cosas de nadie, pues se trata de un aspecto de la vida privada que los políticos también tienen derecho a tener, pues son personas aunque lo disimulen, todo el mundo sabe que entre lo que se declara y lo que verdaderamente se posee pueden mediar tres o cuatro abismos, sin que esto pretenda arrojar sospecha alguna sobre los miembros del gabinete. Las cosas, las casas más bien, que es con lo que especula o ha especulado casi todo el mundo en éste país, pueden ser de uno y no estar registradas a nombre de uno, sino de empresas más o menos ficticias, de testaferros o de familiares, de modo que, en esos casos, lo que uno tiene es, para la publicidad, sólo lo que uno tiene a su nombre.

Sin embargo, y ya que los ministros han querido revelarnos sus patrimonios, lo que más llama la atención no es lo forrada que está la ministra Garmendia, la modestia de Chaves y Aído o cuánto heredan, qué suerte, la mayoría de ellos, sino que casi todos, empezando por el propio presidente, deben dinero, lo cual, por cierto, les equipara al común de los mortales, concretamente al de los mortales españoles. Uno, criado en el arcaico concepto de que si ganas tres no puedes gastar cuatro, y a ser posible ni tres, puede entender que se pida un préstamo cuando no se tiene, y desde luego que se empeñe o se haga lo que sea si no se tiene para alimentar a los hijos, pero no puede entender, a menos que recuerde que vive en España, que Zapatero deba 80.000 euros teniendo más de 200.000, o que Garmendia, que tiene más de cuatro millones, deba medio. ¿Por qué no pagan, si tienen? En fín, éstas son cosas que sólo se le pueden ocurrir a quien, como el que ésto escribe y acaso alguien más, hoza en el arcaismo viejuno, moral y conceptual, de dejarse arrancar la piel a tiras o reducirse a una dieta de pan y agua antes que pedir nada a nadie, y menos teniendo, y menos a un banco. Pero es que por más vueltas que le doy, no me cabe en la cabeza cómo, si tienen, pueden deber.