Publicado 25/06/2026 09:09

Rafael Torres.- Premiar al corruptor

MADRID 25 Jun. (OTR/PRESS) -

Se dice que la no condena de cárcel con la que el Supremo parece haber premiado a Víctor de Aldama animará a otros como él, o parecidos, a denunciar la corrupción, pero lo más probable es que les anime a seguir delinquiendo, en la seguridad de que chivándose luego, asunto concluido. Es más; esa no condena de cárcel, pese a la formal de cuatro años y medio, no sólo les asegurará, como a Aldama, el irse de rositas, sino también el botín logrado, casi cuatro millones de euros en el caso que nos ocupa. Nunca el oficio de garganta profunda estuvo tan bien pagado.

Mientras que a los corruptos se les condena a penas de prisión desorbitadas, 24 años para Ábalos cuando un violador o un homicida no reciben más de 15, al corruptor no sólo se le deja suelto, sino agradeciéndole con extrema longanimidad los servicios prestados, y ello pese a la sencilla verdad de que para que haya corrupción se necesita del concurso mancomunado de corruptor y corrompido, siendo aquél, además, el que suele poner en marcha la máquina de robar a la sociedad y al Estado. El Tribunal Supremo habrá manejado otros códigos ajenos a esa sencilla verdad civil para justificar su no condena a Aldama, pero también ha sentado una suerte de jurisprudencia de exculpación al "arrepentido", al "colaborador con la Justicia", o, como se dice en jerga carcelaria, al que se chota. Sin estar bien definida legalmente esa figura, se crea con ello un precedente no sé si más ambiguo que escandaloso, ésto último reforzado con el disimulo de "condenar" a Aldama a un año de trabajos para la comunidad a la que estafó.

La Administración de Justicia, a la que se le han agolpado de pronto todas las causas contra el entorno del PSOE, está demostrando una insólita capacidad para llevar un ritmo frenético cuando se pone, y aunque seguramente con sumisión a todos los códigos legales y procesales, no deja de sorprender su indiferencia por los códigos del sentido común que la gente que tiene algo de éste maneja. La corrupción, ese cáncer político y social, crea así un espacio salvífico para el que habiendo delinquido a lo grande, canta La Traviata para eludir la cárcel.

Contador

Contenido patrocinado

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Conejos de la chistera

Foto del autor

Carmen Tomás

¿Derrocha luz nuestro vecino?

Foto del autor

Julia Navarro

El despropósito

Foto del autor

Antonio Casado

Corruptores y corrompidos