Rosa Villacastín.- El abanico.- Carmen Romero rompe su silencio

Actualizado 20/03/2009 1:00:26 CET
Actualizado 20/03/2009 1:00:26 CET

Rosa Villacastín.- El abanico.- Carmen Romero rompe su silencio

MADRID, 20 Mar. (OTR/PRESS) -

Desde que el pasado mes de noviembre, saltó la noticia de que Felipe González había puesto fin a cuarenta años de matrimonio, todas las miradas se volvieron hacía Carmen Romero, su compañera en el triunfo y en la derrota, la madre de sus tres hijos y abuela de sus cinco nietos. Había expectación por saber qué iba a hacer, cuál iba a ser su reacción ante lo inevitable, pero sobre todo había expectación por oír su versión de los hechos, toda vez que las fotos publicadas por revistas y periódicos del ex presidente del Gobierno con Mar García Vaquero, hablaban por sí solas.

Han tenido que pasar cuatro meses para que veamos a la ex primera dama posando para Vanity Fair, en un reportaje que se hizo mitad en Madrid, mitad en Italia, y en el que aparece sobriamente vestida, elegante, más delgada -ha perdido diez kilos desde que se enteró de que su marido había puesto fin a su relación-, interesada por la literatura italiana, muda cuando la periodista le pregunta por su presente, y comedida en sus respuestas sobre su pasado junto al político más carismático y que más tiempo ha permanecido en La Moncloa, desde que en España se instaurara la democracia.

Recuerdos que hoy tienen un valor excepcional si tenemos en cuenta que en aquellos años Carmen ejerció de segunda dama -la primera en España es la Reina Sofía-, en contadas ocasiones, sencillamente porque quería seguir siendo ella misma y no un apéndice del presidente. Una decisión que fue muy criticada por los periodistas y por la gente de su propio partido, pues siendo como era la primera vez que una pareja joven, atractiva y socialista llegaba al poder, lo lógico hubiera sido que se exhibieran un poco más, solo un poco más. Pero en eso Carmen fue implacable, el presidente era Felipe González y no ella, aunque finalmente tuvo que dejar el Instituto donde daba clases, presionada por quiénes le decían que era un disparate que siguiera ejerciendo la docencia en una zona donde era difícil protegerla.

Quizá por todo eso es por lo que Carmen se sintió aliviada cuando abandonó La Moncloa, quería recuperar su privacidad, igual que ahora, ya que ella no ha buscado el interés mediático que despierta, precisamente por un asunto que le ha partido el corazón, como a cualquier mujer en sus mismas circunstancias.

La única mención que hace Carmen de su pasado sentimental, es cuando dice que Felipe y ella se quitaron las alianzas hace veinte años, que algunos interpretan como que hace veinte años que se separaron. No es cierto. Carmen y Felipe, como muchos otros matrimonios han vivido momentos buenos y malos, pero siempre juntos, con independencia de que él invirtiera la mayor parte de su tiempo absorbido por sus compromisos profesionales dentro y fuera de España , y ella entregada a su familia, a sus amigos, y a hacer las cosas que le llenan, como traducir al castellano el último libro de la escritora Anna Banti, sobre la pintora Artemisia Gentileschi, o luchar por la mejora de vida de las mujeres del Magreb.

Que Carmen haya concedido una entrevista a una revista de prestigio no demuestra más que poco a poco va haciéndose con las riendas de su nueva vida.

Rosa Villacastín

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