Actualizado 02/11/2006 01:00

Victoria Lafora.- El futuro es hoy

MADRID 2 Nov. (OTR/PRESS) -

Viendo el daño que le estamos infiriendo al planeta al ignorar los riesgos que la contaminación, el despilfarro de bienes tan básicos como el agua, o el peligro del efecto invernadero, ya no podemos ampararnos en la manida frase del mundo que heredaran nuestros nietos porque el futuro es hoy mismo.

Nos va a tocar a nosotros, la generación del despilfarro, convivir con los efectos de nuestro propia inconsciencia y solo ese miedo puede hacernos reaccionar, porque dentro de poco el cambio climático será irreversible. Y nos tocará convivir con veranos tórridos, con una país semidesértico, con lluvias escasas que cuando lleguen serán torrenciales y dañinas, con grados de contaminación en las ciudades que no conocemos, con más enfermedades, más alergias y con el mar que avanzará hasta lindar con el cemento en que hemos convertido nuestras costas.

Dicen los expertos, para asustarnos, que además el rico mundo occidental sufrirá una crisis económica feroz y apelan al bolsillo sabiendo que ese es el argumento que más nos llega, que más nos conmueve. Porque... ¿De verdad nos impresionaría pensar que para el mundo subdesarrollado, que no ha contaminado nada por falta de recursos, esto sería un cataclismo?

Es patético creer que la apelación a la crisis económica tiene mayor fuerza en la opinión pública que la amenaza de millones de seres humanos muriéndose por falta de alimentos. Pero es así. Sólo si la hambruna empuja a los ciudadanos de Africa a huir hacia la prospera Europa nos vamos a sentir concernidos por su hambre.

La única aportación del mundo pobre a esta catástrofe ecológica es que necesitamos la madera de sus bosques. ¿Cómo compensarles por arrasar su patrimonio? ¿Cómo evitar que el Amazonas pierda su masa forestal a la velocidad que lo está haciendo? ¿Cómo paliar que el sudeste asiático se quede sin los bosques de teka y otras maderas tropicales que tanto nos gusta exhibir en nuestros jardines? Con miedo. Porque esos bosques son el aire que respiramos, así de crudo, así de fuerte.

Por lo tanto más nos vale tomar en serio la amenaza, no por nuestros hijos y nietos, que al parecer no nos importan nada, sino porque nosotros, sí nosotros, moriremos pobres y antes de tiempo. Quizás nos lo merecemos.

Victoria Lafora

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