Publicado 27/10/2016 18:06

Tribuna.- El tonto de la pitorra

MADRID, 27 Oct. (OTR/PRESS) - Por Oscar Gómez

Tras casi cuatro décadas de ejercer como profesional de la música en muchas variedades y desde muchos ángulos: desde autor, compositor e intérprete hasta productor, empresario, conferenciante y asesor, puedo jurar que he conocido una fauna tan amplia y variada de personajes, que daría para una larga biografía novelada que, si algún día tengo tiempo, me he prometido que escribiré. Y ya tengo un título, que por algo se empieza: PlayBack.

Y así, revisando recuerdos, me viene a la mente en estos días convulsos y kafkianos que hemos vivido en España, una pequeña historieta muy singular y única en mi extenso repertorio de batallitas de abuelo: "La insignificante historia del tonto de la pitorra".

Os la voy a contar.

Había una vez, en los tiempos en que nuestra industria (de la música) era una industria, un músico muy original que tocaba un pito.
Si, un pito vulgar y corriente pero al que él, Perico el del Pito - así le llamaban sus colegas -, le sacaba un sonido asombrosamente hermoso, haciéndolo capaz de emitir las doce notas, e incluso crear el efecto de un acorde con su tercera y hasta su quinta...ya digo, asombroso...

Era un artista que atraía y cautivaba al público - hasta ese momento escaso - tan solo con tocar su pito.

Un día apareció por mi estudio con los músicos que le solían acompañar, solicitándonos apoyo para poder grabar un disco con una gran orquesta, con más componentes, con más fama, que atrajera más publico del que Perico con su banda conseguía convocar.

La orquesta que le podíamos ofrecer, famosa, rica y con muchos fans, aunque tenía algunos músicos viejos, feos y desafinados - todo hay que decirlo - contaba también con personal joven y virtuoso recién incorporado y salido del conservatorio con las mejores calificaciones, tanto así, que ya había acumulado no pocos seguidores en su incipiente carrera. La formación musical que le ofrecimos era una numerosa banda dirigida por José Muñeira y conocida como La Orquesta de Pepe.

A la orquesta, curiosamente, le pareció una buena idea, se mostró muy interesada y se manifestó encantada de grabar con Perico acompañando los solos de su pito, aunque no de manera exclusiva, sino como uno más de los solistas que ya tenía la orquesta, hábiles con distintos instrumentos.

Pero, ¡Ay!, caramba, Perico no estaba dispuesto a no ser el protagonista único y destacado de la orquesta, porque estaba convencido del poder de su extraordinario pito que, como ya dije, tenía sus seguidores, no en legión pero si en un número interesante; y estaba convencido de que sus solos de pito serían una aportación realmente extraordinaria a la música que el país estaba consumiendo en ese momento.

Y dijo que no. Que tenía que ser su pito el único protagonista de cualquier interpretación de la orquesta.

La orquesta, pensando que al incorporar un instrumento solista tan vanguardista y con deseos de cambiar la percepción de la música un tanto repetitiva, gastada y engañosa que estaba sonando en todas partes hasta ese momento estaría añadiendo algo positivo para todos y muy del agrado del público ávido de seguir escuchando música, insistió e insistió en la fusión.

Pero Perico le dijo que no a la orquesta una y otra vez, sin bajarse del burro y mirando para otro lado, con la esperanza de que su público fiel le aplaudiría y seguiría apoyándole hasta encontrar la orquesta que le acompañara a él y a su pito de manera exclusiva para que fuera su música la única que sonara en todas las emisoras del país y él, la estrella.
No es no, decía, y subrayaba lleno de confianza y no exento de arrogancia: ¿qué parte del NO es la que no entendéis..?

Pero no calculó bien su reto. Creyó que la orquesta, sin su pito, no podría seguir tocando y agradando a un público fiel y entregado; y creyó que sus músicos le seguirían acompañando en su periplo artístico hasta ir añadiendo más adictos a su comparsa y conseguir que toda la audiencia le aclamara y adorara su magnífico pito.

Pobre Perico. La Orquesta de Pepe grabó el disco y se fue de gira.

Perico se quedó solo de la noche a la mañana con su pito sordo y callado. Y dejó de tocarlo. El pito de Perico se quedó mudo y Perico se quedó sin poder mostrar al mundo sus habilidades con el pito. Triste, pero cierto. Cosas de la vida y de la música: lo que parecía que iba a ser la nueva sinfonía, la más original y exitosa, se convirtió en un vago recuerdo para los aficionados. Hasta sus músicos le dieron la espalda y se incorporaron a la orquesta de Pepe.

Qué cruel es el destino, compadre...

Hoy por hoy, a Perico el del Pito ya se le conoce como El Tonto de la Pitorra.

Oscar Gomez*es autor, compositor y productor artístico, miembro de la Junta Directiva de los*Latin Grammy

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