MADRID, 24 Nov. (Álvaro Velasco. Sígueme en Twitter) -
WhatsApp no tiene solo el récord de ser la aplicación que más usa la gente para hablar. También es la aplicación de la que la gente más habla. Cada cambio en su funcionamiento hace salir de su cueva a miles de críticos que atacan ferozmente las nuevas funciones de la aplicación. Su último cambio, el doble check azul, quizá sea el más polémico de todos.
Este doble tip con un color distinto al del clásico verde, indica que el destinatario no sólo ha recibido el mensaje, sino que también lo ha leído.
Para los detractores de esta novedad, supone un ataque frontal a la privacidad de los usuarios que no quieren mostrar públicamente si han leído o no un mensaje. Para otros muchos este cambio mejora el funcionamiento de la herramienta y acaba con la confusión que había hasta ese momento con el doble check verde.
Hay una tercera vía, la menos usual de las tres. A la que no nos importa lo más mínimo. Si a alguien le molesta que no le conteste un mensaje, que no me lo mande. Puedo haberlo leído y no responder por estar en el baño, el gimnasio o simplemente, por no tener ganas. Y no necesito dar explicaciones a nadie. Si alguien se enfada, es su problema. Es WhatsApp, no una conversación a la cara. Y, lamentablemente, estas se producen cada vez menos.
Por increíble que parezca, algunos pertenecemos a un grupo de gente a la que no nos importa que alguien no conteste instantáneamente o que prefieran tomarse un tiempo antes de dar una respuesta.
Nosotros hacemos lo mismo. La tremenda implantación de las distintas formas de mensajería y redes ha modificado los hábitos de comportamiento en las relaciones sociales de forma tal que se usan muchísimo menos las llamadas telefónicas. Y qué decir de reunirse para tomar un ágape y hablar de la vida. Inentendible en este 2014, en el que se queda para mirar el móvil acompañado de alguien. Alguien que posiblemente esté embobado con el suyo.
Este grupo de gente a la que le nos da absolutamente igual contestar a tiempo o no un mensaje o no contestar nunca los llamo 'individuos con personalidad'. No hace falta acudir a Cuarto Milenio para ver uno, ya que hay muchas personas con este comportamiento. El ruido mediático que hace cada noticia relacionada con WhatsApp hace parecer que un cambio en la aplicación terminará desarrollando el apocalipsis y el final de las especies.
Las nuevas tecnologías crean en demasiadas ocasiones un estado de psicosis y de necesidad de inmediatez en el feedback con nuestro interlocutor. Hace apenas 12 o 13 años la forma más habitual de quedar era llamar al teléfono fijo del hogar. Una odisea cuando era para hablar con una compañera de clase que te gustaba y en el teléfono te contestaba la varonil y terrorífica voz de su padre. Estos aparatos ahora solo se usa para hablar con las madres o pedir comida a domicilio.
Corren malos tiempos para la lírica. Hay mucha gente a la que le está costando adaptarse. O que no quiere hacerlo. La tecnología marca cada vez más la forma de relacionarse entre individuos. Y sin duda, cada vez lo hará más hasta llegar a una dependencia casi total para no vivir como un hermitaño. Nuevos tiempos, nuevas reglas.