Publicado 06/04/2021 15:56CET

Las causas humanas están detrás de la mortalidad del alimoche común en el sureste de Europa y Oriente Medio

Ejemplar de alimoche común adulto con material en el pico para el nido.
Ejemplar de alimoche común adulto con material en el pico para el nido. - EVAN BUECHLEY/ SEO/BIRDLIFE

   MADRID, 6 Abr. (EUROPA PRESS) -

   La mortalidad del alimoche común, en gran parte por causas humanas, es más alta en el sureste de Europa, según un estudio que publica la revista 'Journal of Animal Ecology', que precisa que las áreas de mayor mortalidad por causas humanas están en el este y en Oriente Medio más que en el África Subsahariana, donde a la especie le va mejor.

   El alimoche común está en peligro de extinción a escala mundial y su población está disminuyendo, según informa SEO/BirdLife que participa en el estudio a través de los marcajes que ha desarrollado en el marco del Programa Migra en colaboración con Fundación Iberdrola España. El alimoche común es una rapaz necrófaga que se reproduce en Europa y Asia e inverna en el África subsahariana. A nivel mundial está catalogada "en peligro de extinción" desde 2007.

   Según el artículo científico, a menudo se ha asumido que la disminución de las poblaciones de aves migratorias de larga distancia, como el alimoche común, se debe al deterioro de las condiciones en las zonas de invernada. Sin embargo, el equipo de investigación dirigido por Evan Buechley, Steffen Oppel y Ron Efrat, encontró que se produjo una mayor mortalidad más al norte de las áreas de invernada.

   Los alimoches comunes presentaron tasas de supervivencia más altas en el África subsahariana en comparación con el sur de Europa, el Cáucaso y el Oriente Medio. Además, las poblaciones de alimoche común de Europa occidental, entre las que se encuentran las españolas, presentaron una supervivencia mayor que las del este de Europa.

   Sorprendentemente, los investigadores encontraron que aproximadamente la mitad de las muertes en las que se pudo identificar la causa de mortalidad se debieron a causas humanas, y sobre todo en latitudes meridionales.

   Las muertes se debieron principalmente a electrocución o colisión con infraestructura energética, persecución directa por parte de humanos (por ejemplo, disparos) y envenenamiento. Abordar estas amenazas causadas por el ser humano será esencial para la conservación futura a escala mundial del alimoche común, rapaz migradora en peligro de extinción.

   La labor de abordar las amenazas de los alimoches comunes para asegurar su conservación en el futuro recae en todos los países a lo largo de las rutas migratorias y precisaría de una estrategia de conservación coordinada internacionalmente, según manifiesta la ONG.

   El estudio también utilizó los datos de seguimiento para abordar cuestiones fundamentales sobre la ecología espacial de la especie, como si merece la pena que las aves migratorias viajen grandes distancias sobre terrenos hostiles para alcanzar condiciones más favorables durante los meses de invierno.

   Se encontraron evidencias de que la migración de larga distancia supone un gran costo para las aves, pero se espera que también genere beneficios significativos, incluida una mayor productividad reproductiva en latitudes más altas.

   El alimoche común es una de las cuatro especies de buitres que habitan en España y, después del quebrantahuesos, la más escasa. Con tan solo unas 1.500 parejas reproductoras, que supone el 32-47 por ciento de la población de Europa, la población española está considerada como "Vulnerable", por lo que es fundamental conocer con todo detalle su ciclo vital, determinar qué hábitats utiliza a lo largo de todo el año para poder conservarla en el futuro y conocer cuáles son las principales causas de mortalidad.

   A finales del siglo XX, la población española de alimoche disminuyó drásticamente, aunque en la última década parece haberse estabilizado. Las principales amenazas son el uso de cebos envenenados en el medio natural y la colisión con aerogeneradores o líneas eléctricas.

   El estudio ha estado dirigido desde el Smithsonian Migratory Bird Center de Estados Unidos, y en él han colaborado 38 investigadores de 12 países: Alemania, Bulgaria, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Israel, Italia, Portugal, Reino Unido, Rusia, Suiza y Turquía.

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