La familia se posiciona como la "zona cero" de la violencia contra las mujeres LTBI+ desde la infancia, según un estudio

Archivo - Varias personas con banderas LGTBI durante la manifestación estatal del Orgullo LGTBI+ 2024, a 6 de julio de 2024, en Madrid (España).
Archivo - Varias personas con banderas LGTBI durante la manifestación estatal del Orgullo LGTBI+ 2024, a 6 de julio de 2024, en Madrid (España). - Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo
Europa Press Sociedad
Publicado: jueves, 5 noviembre 2026 12:54

MADRID 5 Nov. (EUROPA PRESS) -

El entorno familiar se posiciona como la "zona cero" de la violencia contra las mujeres lesbianas, trans, bisexuales, intersexuales y asexuales (LTBI+) desde sus etapas más tempranas, según el informe 'Cartografía de las violencias contra las mujeres LTBI+ en España', elaborado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+).

La investigación, enmarcada en el proyecto estatal Alianzadas y desarrollada a lo largo de 2026 es fruto de la colaboración entre la FELGTBI+ y el grupo DiViSAR de la Universidad Complutense de Madrid. El estudio combina una muestra cualitativa estructurada en 127 cuestionarios digitales, 16 entrevistas en profundidad a subgrupos específicos y 3 talleres participativos con 35 asistentes.

El objetivo principal es "visibilizar y analizar la naturaleza, patrones e intersecciones de las múltiples violencias que enfrentan las mujeres lesbianas, trans, bisexuales, asexuales, intersexuales y más (LTBI+) en el contexto español".

En concreto, el trabajo expone que las agresiones no proceden de un único tipo de agresor, sino que se despliegan en tres esferas concéntricas: el círculo íntimo (familia y parejas), el círculo comunitario (pares, entorno escolar, laboral y espacios de activismo) y el círculo institucional (sistema médico, policial y judicial).

Dentro de la esfera familiar, considerada la "zona cero", se concentran agresiones físicas directas desde la infancia bajo el pretexto de "educar" con situaciones de abuso sexual intrafamiliar.

Asimismo, se documenta violencia psicológica e instrumental continuada, que abarca desde la expulsión del hogar y la invalidez de la maternidad no gestante hasta el rechazo explícito y los intentos de corrección.

En este ámbito, los familiares varones destacan como los principales agresores físicos, mientras que las figuras maternas destacan en el plano de la violencia psicológica, mediante insultos y humillaciones cotidianas. Estas últimas son también las principales inductoras o cómplices de la violencia técnica al promover prácticas de conversión o incurrir en negligencias médicas impulsadas por el rechazo a la orientación o identidad de sus hijas.

PAULA IGLESIAS: "ES DEVASTADOR"

La presidenta de la FELGTBI+, Paula Iglesias, ha señalado que, a nivel psicológico, es "devastador" que los espacios y las personas que deben garantizar el cuidado y la seguridad sean quienes ejercen la violencia. "Además, dejan a la víctima sin un hogar seguro al que regresar en la edad adulta, lo que hace más difícil, enfrentar las situaciones de violencia", ha explicado.

Por otro lado, la investigación aborda situaciones de violencia sexual, que abarcan desde la coacción y el chantaje para mantener relaciones sin deseo hasta dinámicas de automaltrato y desconexión corporal tras ceder a la presión afectiva.

Paralelamente, se despliega un amplio abanico de violencia psicológica y verbal caracterizado por la manipulación, los insultos directos, la falta de respeto, el desprecio hacia la forma de vivir la sexualidad y el gaslighting.

"Estas dinámicas se complementan con la invisibilización deliberada de la relación por parte de la pareja, la falta de responsabilidad afectiva y la negativa a asumir compromisos o validar las emociones de la otra parte de la pareja", señala el estudio

En cuanto al mundo educativo, el informe refleja que se trata de un espacio crítico de violencia concentrada principalmente en la infancia y la adolescencia. Las agresiones indica que son ejercidas mayoritariamente por compañeros de clase, manifestándose a través de bullying sistemático, insultos, destrucción de objetos personales, humillaciones físicas y tocamientos sexuales no consentidos por parte de chicos cisheterosexuales.

Por su parte, apunta que el profesorado y las figuras de autoridad ejercen "violencia psicológica y capacitista", al "poner en duda" discapacidades o tratamientos médicos, "ridiculizar" públicamente a las alumnas por no ajustarse a las conductas de género esperadas y negar o invalidar identidades disidentes.

Mientras, en el ámbito laboral, la investigación pone de manifiesto dinámicas de "hostigamiento sutil y aislamiento", como dejar de dirigir la palabra o ignorar sistemáticamente a la persona, además de exigencias de segregación espacial (como sugerir el uso del vestuario masculino).

ANSIEDAD, VERGÜENZA O INSEGURIDAD

Las conclusiones demuestran que el miedo, el rechazo y la hipervigilancia afectan al bienestar emocional y físico de estas mujeres de por vida. Así, se evidencia que la violencia deja huella en forma de ansiedad, vergüenza, inseguridad, aislamiento, dudas sobre la propia identidad y miedo constante al rechazo.

También expone que tiene consecuencias físicas como migrañas, contracturas, opresión torácica, problemas gastrointestinales y dolor crónico asociado a las violencias sexuales. Además, genera dificultades para confiar en profesionales sanitarios lo que provoca retrasos en la atención médica y necesidades de salud desatendidas.

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