Jose María Olaizola: "Los héroes reales son frágiles y tienen limitaciones pero son capaces de hacer cosas grandes"

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Europa Press Sociedad
Actualizado: domingo, 17 abril 2016 19:15

MADRID, 16 Abr. (EDIZIONES)

'El corazón del árbol solitario' es el nuevo libro publicado por el jesuita José María Rodríguez Olaizola y que, basado en la labor humanitaria que realiza el sacerdote, también jesuita, Enrique Figaredo en Camboya, pretende mostrar los valores que pueden aprenderse de las personas mutiladas y también abrir los ojos al lector y hacerle ver que su vida puede ser más completa.

Rodríguez Olaizola pasó siete semanas en Camboya junto al sacerdote que lleva a cabo un proyecto que principalmente ayuda a los afectados por las minas antipersona. La capacidad de superación de estas personas, su manera de afrontar las dificultades con una sonrisa o la frecuente hospitalidad de sus ciudadanos han servido de inspiración para la publicación de este libro.

¿Por qué decidió escribir este libro?

Me llegó el trabajo que se está realizando en Camboya a través de gente que había estado colaborando con Kike Figaredo y tal y como me lo contaban pensé que allí había una historia que tenía que contar sólo por que es interesante conocer lo que ocurre allí. Es una historia que en el fondo habla mucho de las cosas a las que la gente se enfrenta aquí en España aunque el contexto sea muy distinto. Es una historia necesaria llena de vida y de gente comprometida.

La idea de escribir un libro, ¿la tenía ya en mente antes de ir o decidió hacerlo una vez llegado a Camboya?

La idea surgió antes de ir a Camboya, después de hablar con varios voluntarios y de ponerme en contacto con Kike. Cuando le escribí le planteé la posibilidad de ir allí para inspirarme y en ese momento no tenía claro si lo que iba a salir era un libro o algún artículo pero sí tenía claro que quería contarlo.

¿Sintió necesidad de contar lo que veía?

Sí, porque además es un proyecto fascinante de 30 años de efervescencia, de transformación radical tanto en el proyecto como en la situación de Camboya como en la cantidad de gente que ha ido pasando por allí.

Descríbame cómo ha visto usted la labor de Enrique Figaredo en Camboya

Lo fascinante de Kike es que consigue dinamizar a otras personas para trabajar juntos, es decir, no es un planteamiento fundamentalmente asistencial. Él lo que intenta es crear estructuras que permitan que las personas afronten sus problemas y que la gente más vulnerable tenga una oportunidad y salga adelante. No son proyectos individuales, es verdad que Kike es la figura de referencia...

Habrá mucha más gente trabajando detrás

Sí, hay mucha más gente y además con vidas que cada una de ellas tienen que ser descubiertas. Lo bonito es que muchas de esas personas, que la mayoría que ha estado herida o sufre una discapacidad por culpa de las minas, han entrado en una dinámica en la que piensan que lo importante es salir adelante y que todos tenemos necesidad de ayuda y al mismo tiempo la necesidad de ayudar. Es impresionante la transformación que ha habido y ahora hay una cantidad increíble de gente y de instituciones implicadas que permiten que muchos salgan adelante en torno a ello.

¿Sabría darme una cifra de las personas que trabajan en el proyecto de Camboya?

Hay gente que al mismo tiempo que trabaja se beneficia o a la inversa, por tanto no está clara la diferencia entre la gente que trabaja y la que es ayudada. Un día Kike me dijo que con todos estos proyectos en Camboya están viviendo unas 2.000 personas entre escuelas, centros de salud, el proyecto de sillas de ruedas o las escuelas de baile. Luego, indirectamente, hay muchos más beneficiados como es el caso de las familias. Una de las cosas que me sorprendió fue que en un momento que fuimos a una cafetería, un camarero fue donde Kike y le dijo "usted no me conoce pero gracias a usted he podido estudiar", y esto pasaba constantemente.

Entonces muchas veces el autor no conoce a quién ha beneficiado

Claro, yo creo que se aplican las conexiones para que después se vaya extendiendo y difundiendo y que los proyectos cobren vuelo.

¿Cuál es la motivación para que sus iniciativas salgan adelante?

Se entrelazan la fe y la humanidad. Para Kike la motivación religiosa es clara y se basa en una lectura del evangelio que lleva a buscar a Dios en las personas y tener una fe profunda en el ser humano, en la capacidad de las personas en sacar lo mejor de sí mismas, superar la adversidad y no dejar de creer en que sean cuales sean las circunstancias y la dureza, hay esperanza. Esa capacidad de ver lo positivo y la belleza es fascinante.

Una cosa que hacía Kike era hacer fotos de la gente y cuando volvía a pasar por el mismo lugar se las entregaba. Kike decía que siempre había querido fotografiar la belleza, en contraposición con los periodistas que suelen captar la tragedia, cosa que hace falta para abrirnos los ojos aquí. Él se dio cuenta de que la gente pobre también quiere ver a sus hijos sonriendo y disfrutando, no quieren fotos trágicas de los miembros de su familia. Tiene esa capacidad para decir que si te quedas en el derrotismo la mirada va a ser tremenda y descorazonadora, pero si eres capaz de ir más allá y empezar a ver las oportunidades cambia todo.

En Camboya, ¿una persona mutilada está condenada a ser marginada por el estado o la sociedad?

No, ni mucho menos. Es verdad que yo he estado en el contexto donde las personas mutiladas están más atendidas y más integradas pero Camboya es un país que se ha tenido que acostumbrar a vivir con la mutilación. Aquí en España cuando se ve a una persona mutilada llama la atención y se piensa que una discapacidad es todo pero allí, que en los 90 fue el país más golpeado por las minas antipersona, un porcentaje alto de la población ha sufrido sus consecuencias.

Es un asunto que ha hecho que los camboyanos se sensibilicen y que la situación esté normalizada y no evita que las personas reconstruyan sus vidas. Creo que es mas difícil vivir con una mutilación en una sociedad opulenta donde parece que no estamos acostumbrados a mirarle a la cara a la tragedia que en esas sociedades donde los golpes son tan tremendos que hay que lidiar con ellos.

¿Ha habido algún caso que le haya impactado especialmente?

La historia de Wen, un niño que no tenía nada, con polio y sin apoyo familiar prácticamente. Los equipos se pusieron a buscar gente necesitada, le encontraron y le ofrecieron incorporarse al centro Arrupe, donde trabajan con personas mutiladas. Él mismo cuenta como aprendió a comer por sí mismo, a escribir, a vestirse o a ir el baño y ahora está terminando la universidad y es profesor de idiomas. Impresiona el coraje de esa gente.

¿Ha visto más esperanza o miedo entre los camboyanos, especialmente en los que han sufrido mutilaciones?

Yo he visto más esperanza. El camboyano es reservado, afable en la expresión y sonriente aunque lleva tiempo que se abran y ganar su confianza. Probablemente la otra cara, la más difícil, también esté ahí pero no la he visto tanto.

¿Cómo son los héroes, los protagonistas de este libro y qué tienen de especial?

Hablo de héroes reales que son frágiles y tienen limitaciones pero que a la vez son capaces de hacer cosas grandes, no de gente con unas capacidades mayores que otros. Estamos acostumbrados a ver que hay gente mala y muy buena, héroes y villanos. La realidad no es esa, es verdad que hay gente muy buena pero se trata de gente normal que tiene equivocaciones y que tiene sus momentos de egoísmo. A mí lo que me interesa mostrar es que hay un punto de bondad, de deseo de hacer el bien, algo que es muy humano, y he intentado que los héroes que aparecen en estas páginas no son gente que sea admirable pero no imitable, probablemente muchas personas en circunstancias parecidas harían lo mismo y eso es importante verlo.

Un jesuita filipino que se encontraba allí en Camboya me contó que, en un contexto durísimo, algo que le hizo venirse abajo fue no recibir el correo de un amigo y eso lo hace muy humano. Alguno puede pensar que la idea debería ser 'estoy rodeado de gente mutilada por las minas y no tengo derecho a quejarme' pero no es así la vida, la realidad es que nos afecta lo cotidiano y reflejar ese elemento humano a mí me parece que acerca muchísimo a la realidad.

¿La religión es un factor importante para que estas personas mutiladas puedan tener más fortaleza y salir adelante?

Para las personas religiosas es determinante. La persona religiosa procesa de una manera diferente este tipo de cosas y yo creo que en un primer momento, ante una tragedia de estas, lo religioso es desconcertante porque la gente piensa que Dios le ha abandonado. Sin embargo, después, cuando se ponen las cosas en perspectiva, se convierte en un apoyo. Camboya es un país budista, muy religioso y el mundo en general fuera de Europa, donde hay mucha gente agnóstica, es muy religioso.

¿Qué valores podemos aprender en el mundo Occidental de las personas que son atendidas en Camboya?

Primero la capacidad de lucha, la resistencia. Camboya, después de todos los años de guerra que ha sufrido, tiene un pueblo donde la gente está peleando para salir adelante desde la esperanza y la alegría, por lo menos visible.

En el caso de España, el grado de crispación y de queja constante hace que seamos más proclives a la escandalera que a la gratitud. Esa visión esperanzada de luchar sin asumir que tenemos derecho a todo, el agradecer lo que uno tiene, ese me parece un valor fundamental.

La hospitalidad es otro valor, muy frecuente en Camboya, donde la gente frecuentemente está abierta a recibir, a acoger y a recibir a los demás mientras que en Europa tenemos una gran crisis de hospitalidad. Luego está la compasión, la gente allí tiene una gran capacidad para tender puentes. Estos tres elementos nos pueden dar muchas claves para nuestra vida diaria.

Ve usted una diferente muy grande de afrontar las dificultades en España y en Camboya

Sí. Aquí por supuesto también hay gente que pasa penurias, pero en general esta es una sociedad más acomodada y materialista. Por ejemplo, en Camboya la educación no es obligatoria porque el estado no la puede proporcionar y es vivida como un derecho y como una oportunidad porque no está al alcance de todo el mundo, se valora mucho más.

¿Por qué cree que en el mundo occidental no aceptamos tener una vida perfecta y no nos terminamos de conformar?

La dinámica de la sociedad de consumo es la de la insatisfacción constante donde siempre quieres algo más y tienes que tener algo nuevo, y no es sólo algo material sino que se ha trasladado a otras dimensiones de la vida. No nos da tiempo a pararnos, a disfrutar de lo conseguido y a agradecerlo, y con esto perdemos perspectivas formando un mundo insatisfecho.

¿Qué quiere transmitir con la historia que cuenta en su libro y a quién va dirigida?

Cualquiera puede y cualquiera debería leer el libro. No está dirigido a nadie en especial, fundamentalmente lo que busco no es que la gente conozca otra realidad lejana que puede ser muy interesante. Este libro, las historias que cuenta, las reflexiones de la gente, quiere ser un espejo para cuando alguien lo lea sienta que está hablando también de su vida, de sus encrucijadas, de sus miedos, de su capacidad para tomar decisiones y de hecho la gente que lo está leyendo justo ese es el eco que me están devolviendo, con lo cual estoy encantado. El lector cuando termina el libro piensa que su vida puede ser mejor, más completa y encuentra cosas que no son sólo para unos pocos en un contexto determinado. En definitiva, que sea una ventana hacia otro mundo pero también un espejo de la propia vida.

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